sábado, 21 de febrero de 2015

ISLA ISLA: POESIA PLENA.

Por Puro Tejada M. 

Sucede que a veces, como quería el Lenin, "una chispa puede encender una pradera", desatar transformaciones interminables en la materia. Sucede a veces, sólo a veces, que en una estructura de versos ocurre el gran arte, esa cosa que está hecha de palabras pero que es más que ellas, de sentidos profundospero que evocan más que ellos. Sucede esplendente la poesía.
Iky Tejada, con su más reciente obra "Isla isla (poemario)" 2014, ha logrado este portento, aquello que Manuel del Cabral definiera como "un agua tan pura, tan clara/que da trabajo mirarla". El aeda , con su sabiduría de siglos y su logos moderno, posa su mirada y su corazón en la isla que lo vio nacer. Iky ha comprendidoque el "pequeño dios" sólo se sucede en la alquimia perfecta entre el lenguaje y la sensibilidad trascendente de un hombre, que puede ser todos los hombres. Ha producido un canto de cuarenta y un poemas que está llamado, oigase bien, a integrarse a la gran tradición de la poesía dominicana.

"Palabra luminosa, inspirada, con la que deja el buen olor de la poesía llamada a perdurar" ha dicho sobre la obra el poeta y presbítero Fausto Leonardo Henriquez luego de asistir a su lectura primera. Yo concuerdoy doy fe del artista de múltiples expresiones en su sincera búsqueda de la belleza absoluta.
Estos versos 
y este hombre han encontrado su verdad revelada.
(Iky Tejada -Isla isla (poemario) - prólogo de Fausto Leonardo e ilustraciones de Pedro Gris. Santo Domingo 
2014. 83 p.p-)
* Escritor dominicano residente en Toronto.

El hilo orteguiano de la palabra.

POR JOSÉ RAFAEL LANTIGUA
En un tiempo, fue Ortega y Gasset. Sobre el andén, los inolvidables sesenta, en su último tramo. Alguien tuvo que haber dado la noticia, como ocurría entonces. Algún ratoncito de biblioteca, hurgador de lecturas en tiempos secos. Uno, mayor que el resto, que recibía de otros la impulsión. Había que leer “La rebelión de las masas”. Y camina en mi memoria medio en brumas aquel libro que iba de mano en mano, con apresuramiento, porque la fila de comensales era larga. ¿Quién adquiría el libro y dónde? No puedo recordar. Éramos barbilampiños apretujados sobre un decir de ignorancia que atendía, para aprender a pensar tal vez, las urgencias y señales dadas por otros.
No fue hasta 1975, cuarenta años ha, que pude hacerme de mi Ortega propio. Guardo el recuerdo en la primera página del ejemplar adquirido en la librería Nacional de la Nouel con Espaillat, en octubre de aquel año. Colección Austral, la de bordes y contratapa verde, en una decimonovena edición de 1972 (con un prólogo para franceses y un epílogo para ingleses, y un apéndice: Dinámica del tiempo. Así se leía –se lee aún- en la cubierta). Entonces, fue cuando pude entrar en Ortega sin la lectura acelerada de los sesenta provincianos. “La rebelión de las masas” fue el libro de aquella década, cuando comenzaron a aflorar las rebeldías y las ansias de redención y las quimeras y las utopías y toda su sinonimia. Tuvo vigencia más allá, pero los sesenta pre y posrevolución fue su espacio, el área de tiempo donde la letra orteguiana sirvió para espabilar conciencias.

En el prólogo para franceses, Ortega advertía que “el asunto” de que trataba este libro –que comenzó a publicarse por partes en un diario madrileño en 1926- “es demasiado humano para que no le afecte demasiado el tiempo”. El filósofo español –“ese hombre fue que enseñó a filosofiar a los españoles”, nos decía el padre José Luis Alvarez en su inolvidable cátedra en la UCMM de Santiago de finales del decenio señalado- ya comenzaba a desconfiar de su libro cuando escribe esta introducción en 1937, diez años después de la publicación formal de la obra (“Hay épocas en que la realidad humana, siempre móvil, se acelera, se embala en velocidades vertiginosas. Nuestra época es de esta clase porque es de descensos y caídas. De aquí que los hechos hayan dejado atrás el libro. Mucho de lo que en él se anuncia fue pronto un presente y es ya un pasado”). En verdad, el libro mantendría firme su inalterabilidad por largo tiempo. Todavía hoy -¿o mejor sería decir, hoy igual que ayer?- el pensamiento orteguiano permanece invariable en su didáctica manera de ayudarnos a afrontar la realidad de las cosas y su albur. Ay, cuando habla Ortega de la palabra y su lenguaje, cuanto nos dice y aclara. “Cuando el hombre se pone a hablar, lo hace porque cree que va a poder decir cuanto piensa. Pues bien: esto es lo ilusorio. El lenguaje no da para tanto. Dice, poco más o menos, una parte de lo que pensamos y pone una valla infranqueable a la transfusión del resto... El lenguaje es por esencia diálogo, y todas las otras formas del hablar depotencian su eficacia”.
Expone Ortega, con toda su malicia filosófica, en ese célebre prólogo para franceses de “La rebelión de las masas”, la anécdota del jubileo de Víctor Hugo, para poder explicar el abuso que se hacía de la palabra y la costumbre de que, para muchos, cuando se escribe o se habla, se hace urbi et orbi, es decir, como las bendiciones papales, para todo el mundo, “y para nadie”. Víctor Hugo pues, asiste al Elíseo a la gran fiesta en su honor con representantes de todo el mundo que iban a reverenciar su nombre y su obra. “El gran poeta se hallaba en la gran sala de recepción, en solemne actitud de estatua, con el codo apoyado en el reborde de una chimenea. Los representantes de las naciones se iban adelantando ante el público, y presentaban su homenaje al vate de Francia. Un ujier, con voz de Esténtor, los iba anunciando”.
Y entonces: “Monsieur, el representante de Inglaterra”. Y Víctor Hugo, “con voz de dramático trémolo, poniendo los ojos en blanco, decía” –en francés, desde luego- “La Inglaterra! Ah, Shakespeare”. Y seguía el ujier: “Monsieur: el representante de España”. Y Víctor Hugo: “España! Ah, Cervantes”. Y el ujier: “Monsieur, el representante de Alemania”. Y Víctor Hugo: “Alemania! Ah, Goethe”.
Y entonces, cuenta Ortega, “llegó el turno a un pequeño señor, achaparrado y torpe de andares”. El ujier: “Monsieur, el representante de la Mesopotamia”. “Víctor Hugo que hasta entonces había permanecido impertérrito y seguro de sí mismo, pareció vacilar. Sus pupilas, ansiosas, hicieron un giro circular como buscando en todo el cosmos algo que no encontraba. Pero pronto se advirtió que lo había hallado y que volvía a sentirse dueño de la situación. En efecto, con el mismo tono patético, con no menor convicción, contestó al homenaje del rotundo representante diciendo: “La Mesopotamia! Ah, la humanidad”.
Ortega parece entonces recriminar la solemnidad de Víctor Hugo y sus afectaciones de grandeza. “No he escrito nunca para la Mesopotamia y no me he dirigido jamás a la humanidad. Esta costumbre de hablar a la humanidad, que es la forma más sublime, y por lo tanto, más despreciable de la democracia, fue adoptada hacia 1750 por intelectuales descarriados, ignorantes de sus propios límites, y que siendo, por su oficio, los hombres del decir, del logos, han usado de él, sin respeto ni precauciones, sin darse cuenta de que la palabra es un sacramento de muy delicada administración”.
Ortega sustenta pues la tesis de “la exigüidad del radio de acción eficazmente concedido a la palabra”, a pesar de que esta afirmación suya parece invalidada cuando señala que su libro se estaba leyendo desde hacía años en toda Europa. La explicación que avala este raciocinio es que, para entonces, se comenzaba a observar una “pavorosa homogeneidad” en las distintas situaciones de orden social, económico, político, que se daban en todo el mundo. Lo que acontecía en un país, se daba en el otro aún fuese con características diferentes. En un país, anotaba Ortega, la atmósfera era tan irrespirable como en el otro. La misma realidad de hoy, probablemente más acentuada debido al proceso de interconexión global de nuestros tiempos. El filósofo español decía entonces que “Europa es, en efecto, enjambre: muchas abejas y un solo vuelo”. Hoy es quizás, visto desde otra perspectiva, muchos vuelos alejados del enjambre, que aún no puede determinarse cuál será el panal que los re-úna. Y es aquí donde el hombre-masa orteguiano ocupa su lugar en el ayer y en el hoy, y su libro mantiene su actualización y se sostiene como referencia, aunque ya no se lea como en los veinte y treinta europeos, y como en los tardíos sesenta entre nosotros.
El hombre-masa, “hecho de prisa, montado nada más que sobre unas cuantas y pobres abstracciones”. El hombre-masa, “previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado, y por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas ‘internacionales’”. El hombre-masa que carece de un “dentro”, de “una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar”. El hombre-masa que “cree que tiene solo derechos y no cree que tiene obligaciones”. El hombre-masa “vacío de destino propio, (que) como no siente que existe sobre el planeta para hacer algo determinado e incanjeable, es incapaz de entender que hay misiones particulares y especiales mensajes”.
Releo hoy las notas que coloqué al margen en mi lectura de “La rebelión de las masas” cuarenta años atrás, cuando salía de la adolescencia, y me sublevo de nuevo contra la razón y su plasma, contra el devenir y su estadística, contra la retórica y sus laberintos. Después de “La rebelión de las masas” vino todo Ortega. A instancias de los Povedano, en Mateca, adquirí –hubo de ser a finales de los ochenta- las obras completas del genio español del pensamiento occidental. Había pasado ya la fiebre orteguiana que incluyó, además de la obra señalada, las “Meditaciones del Quijote” “España invertebrada” y “La deshumanización del arte”. Todavía lo sigo leyendo, aunque ya nadie me habla de él ni de su pensamiento y pareciera como si fuese cosa del pasado. Yo, empero, lo veo actual, incólume, de pie, no como una estatua sino como un imperio. El imperio de su palabra que aún le sigue hablando al mundo, sesenta años después de su muerte.

Encuentro con Marcio Veloz Maggiolo.

Daniela Pujols
Santo Domingo
Es una mañana acalorada propia de nuestro clima. Me encuentro en la casa del maestro, atestada de libros, tras el acorde sonido de aves que anidan en un almendro cercano. 
Es el lugar perfecto donde don Marcio encuentra sus temas; pero la gran inspiración,  ese centro de relajación, parece salir de la biblioteca que cubre casi una planta de su vivienda, rodeada de obras de  valor incalculable, fotografías, premios, enmarcados, y una mesa adornada con hojas de papel escritas, semi escritas y también en blanco, junto a una pluma. Tiene su vida representada en colecciones de libros, investigaciones de la cultura dominicana, estudios arqueológicos del país, obras globales sobre El Caribe y Cultura y rasgos arqueológicos de Latinoamérica. El es Don Marcio Veloz Maggiolo.
El escritor, con 78 años de edad, caminar pausado y cabellos blancos que muestran el paso del tiempo y la experiencia adquirida, no denota signos de cansancio, aunque parezca. Sigue escribiendo, con planes de realizar más estudios arqueológicos, su otra pasión, así como lanzar una nueva edición de su exitosa novela “La mosca soldado”, que le valió el premio José María Arguedas, la distinción mas importante de los Premios Casa de las Américas, en la Habana, Cuba, honor que se le otorga  a personas con trayectoria destacada. 
Escritor de toda una vida
Crece en un barrio capitalino, Villa Francisca, Comienza a escribir a los 17 años de edad, y a los 20 publica su primer libro. Ha publicado más de 15 novelas, varios libros de cuentos,  más de 20 obras arqueológicas, y prosigue en este tipo de investigaciones. “La prehistoria del Caribe es una pasión para mi” enfatiza.
Su obra favorita
El autor  considera a La mosca soldado como “su obra favorita”.  Cuenta la historia de dos antropólogos que estudian las características del enterramiento de una joven (Flor Bella), lo que desencadena una serie de hechos,  donde predomina una prosa literaria apegada a la místico-realidad, ya que el personaje de la historia fue real.
Abaratar la cultura 
“Abaratar la cultura debe ser el gran paso de un Ministerio de Cultura”, comenta Veloz Maggiolo. También enfatiza que en el país los libros no son tan accesibles para la población más pobre, por tanto, no hay cultura de lectura. En torno a la Feria del Libro que se realiza cada año afirma que se deben priorizar las ventas de los libros, ya que predominan más actividades y comercios ajenos a la causa cuando “deberían ser los libros el elemento fundamental en una feria como esta y sobre todo, priorizar en los autores dominicanos”. 
Además exhorta en que jóvenes tengan una mayor interacción en la literatura “la literatura es cultura, es un magisterio, juegan todos los elementos para el aprendizaje” asevera.
50 años de unión 
 Cuando una pareja llega a 50 años de matrimonio es motivo de celebración. A doña Norma Santana, su esposa, la considera “la otra parte de mi totalidad” y con ojos abrillantados define a su compañera de vida.
 Doña Norma es pionera en la radio dominicana. “Nos conocimos en el barrio Villa Francisca, siendo todavía adolescentes en el año 1949 y nos separamos en el 1955”, cuenta sonriente. Pero la  vida los volvió a unir 11 años después, cuando se disponían a cursar una maestría en España. “Decidimos casarnos y lo demás es historia”, concluyen.
 Su vida familiar lo hace felizcon cinco hijos y 11 nietos. 
Él continúa inmerso en la producción literaria, sin descanso y agradecido. “Es un hombre excesivamente laborioso, respetuoso, entregado al trabajo intelectual”, destaca su esposa Norma.
Don Marcio aunque apartado de la diplomacia y el ojo público, se mantendrá firme con su pluma, permitiéndoles a los lectores descubrir nuevos rumbos y universos a través de la imaginación que  talla en sus obras literarias. 

viernes, 20 de febrero de 2015


AVISO
Se les avisa por este medio a todos los miembros del Taller Literario Triple Llama de Moca, que este sábado 21 de febrero hay reunión en el domicilio del grupo: Colegio Porfirio Morales, Córdova #83, a las 3:00 P.M. Llevar textos de creación.Pedro Ovalles Pérez (Director) y Winston Paulino(Relacionador público).

Un libro recoge las últimas palabras de todos los presos ejecutados en Texas.

Algunos presos aprovechan esas palabras para pedir perdón.

AUSTIN, (EE.UU.). El fotógrafo estadounidense Marc Asnin ha recopilado los testimonios finales de los 518 presos ejecutados en el estado de Texas (EE.UU.) entre 1982 y 2014 en un libro que lleva por título "Últimas palabras" ("Final Words").

Las últimas palabras son un derecho que tienen todos los presos que van a morir antes de recibir la inyección que les arrebata la vida, una declaración que escuchan los testigos presentes en la ejecución y que luego se recoge en el certificado de defunción, junto a la hora de la muerte.

Algunos presos aprovechan esas palabras para pedir perdón a los allegados de sus víctimas por los crímenes cometidos o insisten en su inocencia en otros casos, muchos hablan de justicia y casi todos se despiden de su familia y se encomiendan a Dios, aunque a veces simplemente no dicen nada.

"En el momento en que los ejecutan, ellos buscan algún tipo de perdón porque no saben lo que les va a pasar", afirmó en una entrevista con Efe Asnin.

El fotógrafo empezó su proyecto hace dos años con un viaje a los archivos del Departamento de Justicia Criminal de Texas, donde se restituyó la pena de muerte en 1976, al igual que en todo el país, si bien la primera ejecución en ese estado data de 1982.

"Cuando lees esas últimas palabras te das cuenta de que tienen miedo", dijo el autor del libro, que próximamente llegará a las librerías de Estados Unidos.

La elección de Texas no fue casual, pues se trata del estado que con mayor frecuencia aplica este castigo, casi cinco veces más que el segundo en la clasificación, Oklahoma, con 112 reos muertos.

"Soy inocente, inocente, inocente. No tengan ninguna duda, yo no le debo nada a nadie. Soy un hombre inocente y una equivocación terrible está a punto de suceder. Que Dios les bendiga. Estoy listo", fueron las últimas palabras del reo Leonel Torres Herrera antes de ser ejecutado el 12 de mayo de 1993.

Torres Herrera recibió una inyección letal por el asesinato de dos agentes de Policía en 1981, aunque siempre mantuvo que fue su hermano quien cometió el crimen.

Asnin emprendió la aventura de "Últimas palabras" para proponer una reflexión sobre la conveniencia de la pena de muerte, un castigo anómalo en Occidente, en su opinión: "Estamos con Irán, China y Corea del Norte. Hacemos lo mismo".

"Me pareció interesante que la gente pueda leer las últimas palabras y pueda cambiar su visión, ver a los presos como personas y no como animales", dijo el fotógrafo neoyorquino, que considera que en Estados Unidos existe un proceso de "deshumanización" de la población carcelaria.

"La gente -añadió- no quiere entender que los crímenes muchas veces tienen que ver con la pobreza, con los problemas mentales. Esto ayuda a entender".

Otro testimonio que recoge el libro es el de Jermarr Arnold, que fue ejecutado el 16 de enero de 2002 por el asesinato de Christine Sánchez durante un robo.

"A la familia de la señora Sánchez: estoy profundamente apenado por la pérdida de su ser querido. No lo puedo explicar y no tengo respuestas. Solo puedo dar una cosa y la voy a dar hoy: una vida por otra", afirmó Arnold antes del desenlace fatal.

"Espero -agregó- que no les quede ningún rencor y que encuentren consuelo en mi ejecución".

Henry Porter, también ejecutado en el estado de la estrella solitaria, dijo antes de morir en 1985: "Me llaman asesino a sangre fría por matar a un hombre que me disparó primero. El único motivo por el que estoy aquí es que yo soy mexicano y él era un oficial de Policía".

"Ustedes llaman a esto justicia. Es su justicia. La vida de un mexicano no vale nada", añadió Porter.

En Texas aún quedan unos 275 presos en el corredor de la muerte, esperando su cita con el aguacil y el verdugo del penal de Huntsville, a las 6 de la tarde, hora habitual en la que se aplica la pena capital

El próximo reo en expresar sus últimas palabras será Rodney Reed, un hombre negro de 47 años condenado por el asesinato de una mujer a la que violó en 1996.

Si nadie lo remedia, su ejecución se llevará a cabo el 5 de marzo.

jueves, 19 de febrero de 2015

Poemad ofrece un recorrido sonoro por la mejor poesía de 2014.

Para ello, la publicación ha dedicado su duodécimo número a los premios de poesía en español más destacados de 2014, y ha elaborado con ellos un atlas poético del español que relaciona los autores, galardones y poemas con el punto geográfico del que proceden.


Madrid.- Un recorrido sonoro por la mejor poesía de 2014 en España y Latinoamérica es lo que ofrece la revista digital literaria "Poemad" en su nuevo número, en el que plantea tres atlas poéticos dedicados a premios, autores y poemas en audio.

Para ello, la publicación ha dedicado su duodécimo número a los premios de poesía en español más destacados de 2014, y ha elaborado con ellos un atlas poético del español que relaciona los autores, galardones y poemas con el punto geográfico del que proceden.

Así, Poemad, revista española editada por Musa a las 9 y Fundación Aquae, inaugura 2015 con esta publicación, que ofrece en su web el acceso a los tres mapas navegables: uno para los premios, otro, sonoro, para las poesías y un tercero que reseña la nacionalidad de los poetas seleccionados.

Es el segundo de los mapas el que más aprovecha la posibilidad multimedia que ofrece la red, ya que permite ponerle voz a las poesías que la publicación ha decidido destacar en este número.

Todos los acentos del español recorren este atlas que ha elaborado la revista, con poesías recitadas de España, Argentina, Perú, Cuba, Chile, Colombia, México, Paraguay, Bolivia, República Dominicana, Uruguay, Venezuela, Costa Rica, Puerto Rico, Ecuador y Panamá.

Rosa Montero: "Escribo para darle un sentido al sinsentido de la vida".

La escritora recupera a la detective Bruna Husky de "Lágrimas en la lluvia", esa androide que figura ya entre los mejores personajes de la escritora y que representa "la tragedia mayor del ser humano: la muerte".


Madrid.- Rosa Montero se hizo escritora para "intentar darle un sentido al sinsentido de la vida y de la muerte", y el temor a la muerte recorre su nueva novela, "El peso del corazón", un "thriller" de ciencia ficción en el que recrea un mundo injusto y corrupto, peligrosamente parecido al actual.


En este libro, que Seix Barral publica hoy en España y que en primavera llegará a Latinoamérica, Montero recupera a la detective Bruna Husky de "Lágrimas en la lluvia", esa androide que figura ya entre los mejores personajes de la escritora y que representa "la tragedia mayor del ser humano: la muerte".

"La muerte es inhumana, impensable, indigerible. Venir a este mundo con tantos deseos de vivir, tantos ensueños y tanta conciencia del yo, para que luego se nos pase la vida como en un parpadeo y nos muramos. ÑQué estafa!, afirma Montero en una entrevista con Efe.

A la escritora madrileña, que hoy presentó su novela a la prensa en Madrid, le interesa la ciencia ficción porque es "una herramienta metafórica poderosísima para hablar de la realidad actual". De ahí que sus dos libros protagonizados por Husky sean "los más realistas" que ha escrito.

En "El peso del corazón" (el título está inspirado en una cita de "Macbeth") Montero reflexiona sobre sus obsesiones de siempre: "la memoria, la identidad, lo resbaladizo de la realidad, la necesidad del otro, la crítica al dogmatismo y a los excesos de poder".

El amor es otro de los pilares esenciales de su nueva novela: "el conflicto entre la necesidad desesperada del amor y el deseo de huir de él, también desesperadamente, porque piensas que te va a atrapar, a debilitar".

"Así es de ambigua Bruna Husky, un personaje al que yo adoro", dice esta escritora cuya obra está traducida a más de veinte idiomas y que ha merecido el Premio Primavera, el Grinzane Cavour y el Qué Leer, entre otros.

Cuando Rosa Montero cumplió sesenta años, decidió regalarse "un mundo imaginario propio" que pudiera visitar cuando ella quisiera. Y así nacieron sus dos últimas novelas de ciencia ficción.

Ese mundo, situado en el año 2109, es muy similar al actual porque también hay en él guerras motivadas por el fanatismo religioso o los ultranacionalismos, injusticias y políticos corruptos e incompetentes.

"La historia de la humanidad siempre ha sido esa lucha entre el progreso, la civilización, lo racional y todo lo contrario: el retrogradismo, la tiranía, la explotación del otro", señala la autora de "Bella y oscura", "La loca de la casa" o "Instrucciones para salvar el mundo".

En el siglo XX, prosigue, se produjeron "avances en el laicismo, la democracia, el reconocimiento de la mujer y la creación de organismos supranacionales, pero también hubo una fuerza contraria con fundamentalismos religiosos absolutamente rampantes".

"Yo veo en el mundo un anhelo de tiranía, de autoritarismo, de grandes respuestas simplificadas que no dejen el menor resquicio a la duda y al desasosiego. Es muy preocupante", dice Montero, quien, pese a todo, sigue creyendo que la democracia "es lo único posible".

Al personaje de Bruna Husky, "un tigre encerrado en la jaula demasiado pequeña de la vida", Rosa Montero le ha prestado "muchas cosas", entre ellas sus obsesiones, su vitalidad y "el temor a la muerte".

La escritora perdió a su marido, el periodista Pablo Lizcano, en 2009, y el dolor que le causó esa muerte lo reflejó en "La ridícula idea de no volver a verte" (Premio de la Crítica de Madrid).

"Yo escribo para intentar darle al mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen. La vida es esa lucha contra la nada", subraya.

La memoria, otro de los ejes de la nueva novela, "es una construcción. Nos inventamos nuestros recuerdos", señala Rosa Montero, que no se fía "nada" de lo que recuerda.

"Cuando pasan veinte años de algo, no sé si lo he vivido, me lo he imaginado o lo he escrito", comenta la escritora, que también reivindica en su libro "el monstruo, la diferencia".

"Mi teoría es que la normalidad no existe y que todos somos de alguna manera monstruos únicos", subraya.

En la entrevista, Rosa Montero se refiere además a la "difícil" situación política de España y afirma que el nuevo partido Podemos "no es la solución", aunque ella está "al cien por cien de acuerdo con las críticas" que plantea la formación de Pablo Iglesias.

"El gran mérito de Podemos es que ha atraído al juego político a un montón de gente que estaba perdida y derivando hacia un 'acivismo', pero no tienen nada más".

"Me cansa muchísimo que no contesten como tienen que hacerlo, que vayan tan sobrados. Y no quiero gente tan sobrada, quiero servidores de la cosa pública y con los pies más en la tierra", señala Rosa Montero que lamenta que los partidos tradicionales "no hayan aprendido la lección que les está dando Podemos".