lunes, 2 de mayo de 2011

FALLECE EL ESCRITOR ARGENTINO ERNESTO SABATO

FALLECE EL ESCRITOR ARGENTINO ERNESTO SABATO

Los restos del escritor argentino Ernesto Sábato, fallecido el sábado a los 99 años, fueron inhumados ayer domingo en un cementerio de la periferia de Buenos Aires, luego de que una multitud lo despidiera en Santos Lugares, donde vivió durante 60 años.

Familiares, personalidades y miles de vecinos asistieron al velatorio que comenzó la tarde del sábado en el Club Defensores de Santos Lugares, donde el escritor solía disfrutar de partidas de dominó y la gente sencilla del barrio entraba a saludarlo llamándolo "Don Ernesto" o "maestro".

"Cuando me muera quiero que me velen acá, para que la gente del barrio pueda acompañarme en este viaje final, y quiero que me recuerden como un vecino, a veces cascarrabias pero en el fondo un buen tipo", decía el escritor, según Mario, su hijo menor.

Sábato fue enterrado en un cementario privado de Pilar (54 km de Buenos Aires), ya que Santos Lugares no tiene camposanto.

"Papá se va en paz. Cumplió con todo lo que tenía que hacer", dijo Mario con voz entrecortada, en una breve ceremonia en la que terminó abrazándose con sus hijos y sobrinos.

La presidenta Cristina Kirchner envió una corona al velatorio y habló por teléfono desde su residencia privada de Calafate (sur) con Mario Sábato y Elvira González Fraga, la colaboradora que permaneció junto al escritor durante los últimos años, informó la agencia oficial Télam.

Dirigentes de todo el arco político dieron su pesar por el fallecimiento del autor de "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas". Algunos fueron a la despedida, entre ellos el senador oficialista Daniel Filmus y el candidato a presidente por el radicalismo Ricardo Alfonsín.

Alfonsín es hijo del ex mandatario Raúl Alfonsín (1983-1989), que nombró a Sábato presidente de la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (Conadep), que investigó los crímenes de la última dictadura militar (1976-1983).

También estuvieron presentes los hijos del fallecido escritor paraguayo Augusto Roa Bastos -gran amigo de Sábato- y Julio César Strassera, fiscal del histórico Juicio a las Juntas Militares de 1985.

"Fue un intelectual muy generoso. El trabajo realizado por la Conadep se convirtió en la base fundamental del Juicio a las Juntas", destacó Strassera.

"Mi último recuerdo de Ernesto es el silencio. Él estaba yéndose desde hace mucho tiempo. Incluso hace unos años había llegado a preguntar quién era Matilde, su compañera de toda la vida. Fue una larga y penosa despedida", evocó la escritora Julia Constela, quien lo conocía desde 1949.

Matilde Kusminsky Richter fue el gran amor del escritor. Se conocieron en la universidad y vivieron juntos hasta que ella falleció en 1998. El matrimonio tuvo dos hijos, y el mayor, Jorge, murió en 1995 en un accidente automovilístico.

Premio Cervantes de Literatura en 1984, Sábato será homenajeado este domingo en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Nacido el 24 de junio de 1911 en la ciudad bonaerense de Rojas, fue el penúltimo de 11 hijos, y sus biógrafos creen que parte de su atormentada personalidad deviene de haber sido bautizado como su hermano inmediatamente mayor, muerto poco tiempo antes.

Sábato, uno de los gigantes de la literatura argentina junto a Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, murió la madrugada del sábado, dos meses antes de cumplir 100 años.

domingo, 10 de abril de 2011

POEMAS RECIENTES DE LEONI DISLA

POEMAS RECIENTES DE LEONI
DISLA

(MIEMBRO DEL TALLER LITERARIO TRIPLE LLAMA DE MOCA)


NUEVOS POEMAS DE LEONI DISLA

YO SÉ

Yo sé que algunas veces resulta difícil arrancarles paredes a las sienes. Y que cuando la llovizna es menuda la tierra moja su cuerpo.

Yo sé que dentro del vértigo de la oscuridad las manos andan perdidas y torpes los pies se desesperan y que el enigma siempre nos apasiona aunque nunca llegamos al fondo de su fosa.

Yo sé que las noches nunca fueron agrias y el verbo no fue frío cuando bebíamos el cáliz de nuestros corazones. Y que fuimos esa extraña cascada de colores de la cual nunca cesamos de admirarnos.

Aunque también sé que la copa que contenía el alma tibia forjada por ambos la hundimos en un mar sin caracoles. Sólo porque pesan las paredes sobre las sienes y el vivir con ellas es difícil como cuando la llovizna tiene aliento de cebolla y se nos humedece toda la cara.

Esto lo sé y lo comprendo con los camellos de la mirada.

Pero aún sigue mi canto sin abrigo tratando de desaparecerse entre los ramajes de la brisa.

Pero aún sigo buscando garras pesadas para arrancarme este amargo reloj de arena que se me ha clavado con un sol en el pecho.

PERDIDO

Perdido, en los calabozos azules de tu ser, en los castillos helados de tus palabras. Perdido, sin algún arcaico remedio que valga, como las ovejas que van rumbo al matadero.

Mis alas respiran tu cuerpo, la flor que siempre eres. Y en la línea que separa el bienestar de la desgracia: mis manos juegan a los dioses besando tu nombre.

Perdido, aun más cada segundo como si el tren del tiempo se llevara toda salida a su paso.

Perdido, en el paisaje que eres adonde un unicornio marino ileso siempre me lleva. Perdido, en las cuencas de tu mirada en donde casi siempre pierdo una partida de ajedrez con el señor siglo.

Perdido, y el malecón de mi asombro se va abajo con la melodía que eres.

Y el músculo es espuma que agoniza.
Y los ojos se me disuelven por tus calles.

Y mis manos florecen en tus tierras. Y la lluvia no me da para narrarlo. Y los versos se me desprenden cuando te veo. Y este mundo nunca poseyó tantos colores. Y ningún piano me habló de similar melodía.

Vida, algún carro celeste corre por los rieles de tu estatura o algunas estrellas se sembraron en la tierra que eres.

Pero si algo daría por cierto, es que estoy perdido y esparcido en ti y tu silencio como los Ángeles bélicos que no abrigan temor a la vida ni a la muerte.

SI TAN SÓLO LAS PIEDRAS…

Si las piedras del camino le dijeran algo, como por ejemplo las veces que ella le ha puesto alas a mis noches.

Si tan sólo las piedras del camino le dijeran algo…Quizás así entendería que he venido de recorrer trescientos años a buscarla. Quizás así el cielo me permitiría tenerla entre mis brazos.

Pero como el traje de las cabras no es de lino y las piedras nunca hablan por el camino que lleva a su casa: por eso sé que de este modo nuca entendería la manera tenue en que la quiero.

Pero si tan sólo las piedras le dijeran algo, no faltarían palabras; ni la luna, ni el mono de un idilio brincando entre las rojas ramas.

Si tan sólo las piedras del camino le dijeran algo, sí, las mismas que le ahogan, ella entendería las veces que la he soñado.

YO NO TENGO OJOS…

Yo no tengo ojos para olvidarte. He iluso no soy cuando digo que viajo por tus venas. Píntame otra palabra color sangre con tu boca marinera, pues la palabra olvido es un enfermo quirúrgico muriendo en garras cenicientas.

Háblame con tu voz color canela y verás como silenciosa mi mirada te contesta. Yo no conozco el camino que me lleve a tu olvido, pues llega la tarde y no es hasta que vuela como gaviota y se va despacito por las vías del crepúsculo, que comienzo a dejar de escuchar el tenue piano de tu sonrisa.

Y así pasa con las noches y con las mañanas, con la exactitud de los puntos cardinales, y con toda la fuerza de los elementos del universo. Y así pasa cuando me muevo a diestra o siniestra; cuando visito el mar y sus marejadas; cuando en mutismo me dejan sus piedras; cuando no se terminan de ir para siempre sus espumas; cuando camino y escucho la tierra henchida de pensamiento, la tierra henchida y seca de tanto pensar.

Y así de igual modo con todo el canto liviano, arcaico y conmovedor que con todos los siglos ha guardado en sus regazos el universo: el mundo sólo a ti me refleja.

Es así, esa es mi verdad desmantelada, mi verdad sin amuletos ni ornamentos. Mi verdad de verano y de invierno la que he escavado con la espátula de los años, la que a fuerza de luz, calor y sonido, se mantiene.

Por ello ni pienses que te conocí para olvidarte, y créeme que no soy iluso cuando digo que olvidarte es esperar que se me sequen las venas. Por eso que se pinte otra palabra en el indeleble cuadro de nuestro amor de mirra y canela, pues la palabra olvido es un muerto que sin cenizas en antaño enteramos su osamenta.

TU

Si doblo una esquina en la ciudad o paseo por las embalsamadas tierras del campo, allí estás insinuándome tu presencia de amuletos.

Si me retiro con mi olvido a las tibias gotas de pintura del cuadro donde pinto la guitarra desgarrada, allí estás, con ojos, cejas, mirada y cuerpo paridos de colores.

Cuando me sumerjo en una de las ventanas del alba, ya estás; amaneces viva y resplandeciente ante mis ojos.

Y si respiro o escucho con mis poros la lluvia, allí estás extinguiendo violines, resucitando imágenes alcoholizadas de piel y de aliento, evaporando las horas rotas de mi aburrido almanaque.

¡Oh, tú en mis caminos, en cada sombra, en cada árbol! Tú sólo tú en las noches: infinitas, flacas o cenicientas, altas u hondas; en las páginas de un libro; en el niño que canta, que ríe o que llora; en la flor que se abre al mundo; en la brevedad de un trozo de nube de barro o de un copo de luz.

Todas las cosas que miro me llevan a ti. Eres todas las cosas y el mundo: la tierra y todo el universo. Por eso cuando doblo la esquina, cuando el piano se mece en los sesos y las campanas tirita la miel madura, mientras un libro en un charco se ahoga, sólo te veo a ti, sólo estás tú, como si no hubiese en mi mundo otro mundo, como si no brillase en todo el estrellado cielo otro nombre.

RABIA 1

Mi instinto animal se perfila en la taberna donde vino ha dejar los huesos de antaño. Algunas hierbas celestes me permiten subsistir en este valle donde cada segundo despiertan apologías sin palabras, cosas que de súbito me hacen pensar que hubiera sido mejor nacer sin dientes en los ojos ya que a lo mejor de este modo relucieran más los dientes que me pusieron en la cara.

Estas y mil cosas se me queman en la mirada, como quien de súbito se encuentra mordiéndose el instinto. ¿Pero quién es la loza para rebatirle quién la hizo por su forma o tamaño al artesano?

Por ello agradecido en este valle donde se respiran apologías rotas me trago mi incertidumbre y mis palabras y vuelo junto a las aves de mi pueblucho a otros ríos donde pueda beber las rocas no labradas, ya que todo el mundo le da una idea diferente al mismo cuadro.

Me marcho de mi nido y de esta taberna me alejo de mis calles y de mis trinos también me alejo, igual de esta oceánica ciudad y de mí mismo donde nada influya en mi puro instinto abonado con los años.

RABIA 2

En cada gota de cólera despiertan tormentas de fuego en mi mirada, quemando todo lo que es vientre en mi vientre. Porque me saltan los ojos a las calles y yo salgo como loco a recogerlos. Porque no bien se nos pone los pañales cuando ya andamos sembrando con horror el instinto.

Todo porque dejamos que los años nos mutilen las orejas y nos implanten en los ojos otros ojos de piratas. Todo porque amanecemos odiándonos y clavándonos dagas de todos los colores y todos los puñales en el vientre.

Y como tenemos ojos de piratas no nos damos cuenta que una llaga en la sangre tarda siglos en curarse. Todo por dejar que los años nos mastiquen el cuerpo y las entrañas, que levantemos la mirada con manojos de imágenes desconocidas y somos las cabras con metrallas en la boca y puyas en los ojos actuando bajo fuerzas desconocidas.

Entonces vemos el mundo tragándose al mundo, el entierro de los huéspedes, la mutilación de su sangre y el resto que sobra lo tapamos con hojarascas del olvido. Todo porque una cuerda nos infla las vejigas y nos sentimos más gordo que el mundo, con dedos entre gatillos que no asimilan, con cabeza llena de basura y bencina, más grande que el propio mundo; con tarántulas haciendo cabriolas en los sesos, con multitudes de guerras sin vencer en nuestro vientre.

Oh, en cada gota que se vierte del reloj al pasillo siento que se nos cae el mundo, siento que se nos cae la luz a pedazos, y sólo me queda la Señora cólera asiéndome estrago en la garganta; sembrándome túneles negro en la garganta, mientras a un globo lleno de animales se le pierde la mirada en el espacio. Mientras una esfera se le ahoga luz en los charcos como un horizonte incierto. Así la rabia se me va convirtiendo en savia amarga en el vientre, la garganta y el pecho.

VERDE MAÑANA

Esta mañana es verde, verde, y a su fondo, rayos grises que se precipitan con un mendrugo de una noche de esas que son largas. Pero sigue verde la mañana, verde hasta sucumbir. Verde que amanece. Mañana que atardece tras su búsqueda infinita de la más corta brevedad. Mañana verde donde el mutismo se convierte en una espada que escribe en las piedras.

ASÍ Y NADA MÁS

Así como existen muchas clases de verdes, muchas clases de infiernos de hambre y de muerte; así como es el Polo Norte de frío y puede derretirse en cualquier momento, asimismo es la palabra: polifacética espada que corta no sé cuántos lados.

OLVIDO

La luna crece y mengua para presentarse con diferentes rostros y diferentes colores. De esa misma manera aprendí a olvidarte. Y como si se le escapara de repente el sol a la primavera, ya no puedo encontrarte, aunque mis ojos te palpen.

SI TAN SÓLO LAS PIEDRAS…

Si las piedras del camino le dijeran algo, como por ejemplo las veces que ella le ha
puesto alas a mis noches.

Si tan sólo las piedras del camino le dijeran algo, quizás así entendería que he venido de recorrer trescientos años a buscarla, quizás así el cielo me permitiría tenerla entre mis brazos.

Pero como el traje de las cabras no es de lino y las piedras nunca hablan por el camino que lleva a su casa, por eso sé que de este modo nunca entendería la manera tenue en que la quiero.

Pero si tan sólo las piedras le dijeran algo, no faltarían palabras, ni la luna, ni el mono de un idilio brincando entre las ramas.

Si tan sólo las piedras del camino le dijeran algo, sí, las mismas que le ahogan, ella entendería las veces que la he soñado.

LOS CRISTALES ROTOS DE MARLÍN

Los cristales rotos de Marlín llevan las alas cortadas. Cayeron un día del invierno cuando desde las mejillas (alba de Marlín) como perlas blandas se deslizaban.

Los cristales rotos de Marlín forjaban su castillo de luna transparente, pero ya entre los escombros no existen las noches estrelladas, ni los Ángeles tejiendo un mar de ilusiones, ni los días claros de bellos soles.

Se quebraron como el universo que lo abriga todo: los cristales suntuosos del castillo de Marlín. Y bajo aquel cielo hecho penumbra, habla la grieta por el filo de un pedazo de espejo; habla la mirada de Marlín muda y perdida; hablan las piedras mientras el corazón le arde y calla la espuma como si el pozo salado de Marlín quisiera hacerse eterno. Y besa el polvo un castillo azul, hecho ceniza y nostalgia.

CIEN LATIDOS

Cien latidos hondos, y a poco vislumbro las bisagras de la puerta.

Cien latidos, y percibo por los ojos del vértigo que llueve fuerte aquí adentro.

Cien latidos hondos, y en este diminuto pasillo el mar ante mis ojos se desvanece.

Diez latidos más, como éstos, y caeré como piano de sexto piso entre mis entrañas.

EL ÁRBOL

En la ribera el árbol sosegado perece. Y le llega por una ventanilla imágenes de los días que con ánimo furibundo destroza la brisa, como tenue recuerdo de lo mucho que ha cambiado. Es que ahora su mirada rueda cual moneda de cobre por la gran alfombra y como maleta en su espalda su mirar cansado y trémulo se desliza por su voz y su cuerpo. El árbol fenece. Ve como se le escurre el tiempo entre sus dedos; ve como se le traslada la vida, sin más sombras ni karmas, sin más guerras y espadas.

El árbol ha muerto. Cayó en un sitio lejos como lejos se van a morir los caballos. Perdió la noción de esta vida y del tiempo que hace poco estuvo vislumbrando entre sus dedos. Perdió la noción de este plano y de la osamenta que dejó tendida en esta tierra.

En poco tiempo será polvo que retornará al universo de donde vino. En poco tiempo será olvidado como sólo en esta tierra se olvida.

HONDA LA NOCHE.
La noche se hace honda y vuela lejos la mirada. Ha incendiado la tarde, haciendo fallecer el fulgor fulminante de los fotones. Fotones que ahora yacen oscuros como espurios pétalos encendidos.
Y en un taxi de esos cósmicos se ha elevado en la lejanía del universo la memoria y el corazón. ¿Por qué se va haciendo larga, ancha y perfecta la noche? Poema que los mares profundos no podrán contener mucho menos contestar.
Y se va atrapando en sus propios encantos la noche; y da pifia por pisadas el alma, fruto del vino de la noche que cae levemente cual si fuese rocío. Y va transmutándose la noche, como en espuma, como en cartón, como en las alas blancas de la nada. Y van mutando los versos, los segundos, las caricias, los rostros y las lunas, cual avalancha de lo incierto que va arropando lo que encuentre a su paso.
La noche se hace honda y vuela lejos el alma, y vuela lejos todo, y yo, ya no encuentro mi regreso.
CUENTIPOEMA: LAS DOS PALABRAS QUE ME DIO EL PEREGRINO PERRO.
Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas
y respuestas se encuentran en el perro.

Franz Kafka (1883-1924) Escritor checoslovaco).


Una vez más allí te veo perro amigo, sentado con la misma posición de siempre: con la mirada en alto como quien descifra el mensaje de la brisa que rosa tu cara y con los ojos pequeñitos como si las cuerdas de tu pensamiento sonaran.

Y de repente, después de tanta calma, te detienes y miras a todas partes como si de ultratumba te llegaran alarmas, y luego, si ves que nada pasa, te quedas callado y te sientas de nuevo y cierras los ojos como para regresar adonde estabas y de súbito los vuelve a poner pequeños como si tú ejecutaras miradas.

Amigo, tu sueño se me parece tanto al de muchos hombres, pero a pesar de eso, tú eres tan humilde, tan hecho a tu medida, que algo me hace no dudar que tu nombre navega por cuerdas infinitas.

Perro, muchos todavía no entienden los Ángeles que llevas disueltos, por eso no cuesta nada tirarte piedras cuando te ven por las calles; por eso te tiran las sobras que todos dejaron sobre la mesa; pero no le hagas caso: ellos ignoran que tú le sirves de espejo; ellos ignoran que tus sarnas y tus pulgas te adornan cuando no existe nadie quien te cure y te bañe.

Perro amigo, si supieras que a fondo, allá donde descanso no tienes la espátula; deseo sentarme como tú lo haces para cuando me hablen duro o me ofendan quedarme tranquilo bajando la perra mirada; para cuando me tiren en un basurero edificar allí mi felicidad y mis palacios; para cuando alguien pase y me vea con la mirada en alto desglosando la brisa, le comente a todos: “Miren a este perro sentado con tanta calma poner los ojos pequeños como si él pensara”.

HACIA LAS ENTRAÑAS DE UN BOSQUE.

En un bosque se bifurcaron dos caminos, y yo...Yo
tomé el menos transitado. Esto marcó toda la diferencia.

Robert Lee Frost (1874-1963) Poeta estadounidense.

Caminando por el bosque la brisa sacudió mi cuerpo y me sentí libre. Setenta y tres siglos adentro de mí, libre, encendiéndose mechas en mis adentros que hasta ese momento dormían. Y comencé a correr cual infante bosque adentro.

Y llovió mi corrida por el bosque mojado. Y vi morir centenares de lunas cayendo justamente a mis lados. Y sentí tantas veces en mis latidos los latidos de la tarde, tanto, que llegué a contemplar atardeceres saliendo desde mi pecho. Y de súbito el instinto mordió mi sangre convirtiéndome en salvaje que ahora corría feroz bosque adentro.

En mi corrida, cada vez más la frondas me cubrían y como a ellas me creció el cabello. Y eché raíces hondas en el suelo que por tanto tiempo había ignorado y eché raíces hondas aún en tierras amargas. Y cuando vine a mirar hacia atrás, ya estaba bastante lejos.
Y cuando vine a mirar por encima de mi hombro, me dije: “No tiene sentido volver hacia atrás”.

CUENTIPOEMA: SOLDADITOS DE PLÁSTICO

Qué bello traje de puro verde tienen. Qué bello casco donde la noche se pierde y qué hermoso fusil. Qué viva la patria, soldados que viva, y que nunca tiemble en sus bocas una flor.

Vamos a enseñarles a aquellos rezagados el significado de las palabras guerra y sangre. ¡Hacia delante, guerreros! Nuestras botas tienen hambre de comer cucarachas.

Sientan la vibración de la guerra. Sientan la vibración de la sangre y la muerte que nos llaman. Sientan la vibración del viento que sopla a favor de nuestro farol.
Harán sonar los fusiles todo el pelotón X y luego lo hará el pelotón Y. Tres segundos después dejarán caer las bombas como fondo y dos segundos más dejaremos escuchar el estruendo de nuestros misiles, que nuestros aviones águilas bien sabrán ejecutar.

¿Saben por qué, soldados bordados a tijera y papel, por qué no haremos una guerra cualquiera? Haremos una sinfónica: estrepitosa y melódica como la sinfonía número dos de Beethoven.

Y Que todo suene, soldados, que todo caiga, se desplome, se hunda. ¡Que todo vuele, soldados como nunca volarán los pájaros, como nunca volará la herida! De la flor que se nos muere en el mismo centro del planeta! Que todo vuele soldados, que todo vuele.

Ah! Una última cosa, soldaditos de sangre, de plástico, de valor
y de Nada: nunca abran los ojos; que ni a los caudales de sus mentes os llegue la idea: pues si los abren, verán que son niños los que juegan a la guerra con nosotros. (Con su veleidad ingenua de corbatas enmohecidas por las vendas) nos aprietan por la cintura o la cabeza y nos mueven de un lugar a otro.

Nunca lo hagan porque se les desvanecerá su sangre y su orgullo de guerrero al sentirse tristes y humillados. Pues verán a los padres del niño blanco de cabello rubio y lengua alegre comprarle bolsas de soldaditos de plásticos para enviarlo junto a ustedes arrancarle la armonía al desierto. Pues se darán cuenta que su drama no posee sinfonía; es todo el envés de la obra de Beethoven.

¡Ay, nunca lo abran! Que ni por los riachuelos de sus pensamientos os llegue la idea, porque hasta allí pueden llegar a hacer verdes sus uniformes y sus cascos les pueden quedaran grandes en la cabeza.

VENDAS OBSOLETAS

Vendas obsoletas, por eso al caminar dos pasos se ven caer las lunas, los castillos y toda creación del ensueño. Porque no hay sueño sino una espada adherida donde residen los pulsos de los ojos indelebles.
Y hecha el tiempo callos, callos amargos. Porque se hace espinoso ver todo cuando se están desplomando los pétalos rosas de los ojos que ya no duermen.

CAUTIVÁNDOME ME LIBERASTE

Ardían las cadenas de mis interiores.
Ardía el sepulcro que me guardaba.
Ardía agrio hasta el aliento que me sostenía.
Ardía la llama y yo fui las cenizas.
En esos entones apareciste Con una rara manera de desprender ademanes, cual cólera del encanto, cual beso sublime que de toda razón nos aleja.
Y viendo tus ojos de fuego al compás de los movimientos de tus alas, fue como al suelo cayeron las cadenas que me aprisionaban. Y sin esperarlo, como a ti me crecieron las alas, entonces fue cuando me di cuenta que cautivándome me liberabas.

NAIPES EMBRIAGADOS

Naipes embriagados con las cartas del que duerme. Algunos con el corazón rojo, otros con la vida de cuadros y yace una parte moribundo con el corazón ya negro.
¡Pero todos!: dejan sus huellas en la pista calorosa.
Y creen jugar el juego de su vida.
Y creen que se viran y esperan su suerte.
Ignorando que la brisa es el semblante de los castillos invisibles que pasan.
Ignorando que hay dedos fuertes…muy fuertes que viran a su modo sus frágiles cuerpos. Y pasan las décadas y los siglos y siguen los naipes embriagados con el letargo profundo del que solo duerme.

martes, 20 de julio de 2010

UN NUEVO LIBRO DE POESIA INFANTIL DEL POETA Y ABOGADO JULIO ADAMES

MONEDAS AL AIRE O LA IGNICIÓN DE LA SUBJETIVIDAD
Por Pedro Ovalles
Generalmente vemos como la literatura infantil de nuestro país –que es la que más conozco– es un discurso hecho para dejar al niño o la niña más desmotivado, más desinteresado, mucho más indiferente que antes de leer.
A diario se ven en las librerías textos infantiles que parecen que están elaborados no para chiquillos normales, sino para tarados mentales. Y lo más lamentable de la problemática aquí presentada, es que gran parte de esos enunciados didácticos, cuentos o poemas, fábulas o dramas, son celebrados en concursos y hasta refrendados por el Ministerio de Educación. Caen dentro de lo que se llama Literatura Leigh. Ese tipo de literatura no presenta problematización en el lenguaje. Aquí en nuestro país es el joven poeta y ensayista de la generación de los 80: Plinio Chaín, quien más ha abordado el tema, por cierto con mucho más acidez que quien os escribe.
Leamos lo que dice sobre lo anterior Mario Vargas Llosa en su famoso ensayo que aparece fácilmente en muchos sitios de la Internet: La civilización del espectáculo. Leamos: “…extraño que la literatura más representativa de nuestra época sea la literatura leight, es decir, leve, ligera, fácil, una literatura que sin el menor rubor se propone ante todo y sobre todo (y casi exclusivamente) divertir. Atención, no condeno ni mucho menos a los autores de esa literatura entretenida pues hay, entre ellos, pese a la levedad de sus textos, verdaderos talentos… La literatura leight, como el cine leight y el arte leight, da la impresión cómoda al lector, y al espectador, de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la vanguardia, con el mínimo esfuerzo intelectual. De este modo, esa cultura que se pretende avanzada y rupturista, en verdad propaga el conformismo a través de sus manifestaciones peores: la complacencia y la autosatisfacción”.
Eso es lúgubre, porque creo que todo texto de lectura infantil, por ser tal, no debe de sustraerse de simbología; no debe ser un despojo verbal, como si fuera un requisito hurtarlo de las garras del lenguaje y convertirlo en un constructo didáctico para sujetos sin imaginación, sin intuición, sin individualidad, sin la capacidad de asombro.
La mayoría de esos textos de infantes escolares carecen de los recursos estilísticos necesarios e imprescindibles para despertar la curiosidad expresiva del niño, ese innato espanto epistemológico que tenemos los seres humanos, no importa la edad, para plantearnos búsquedas conceptuales, sensoriales y afectivas ante una formación lingüística y ser uno mismo: pensar, reflexionar, sentir y disentir, sufrir y gozar.
Los niños por ser tales no se sustraen de esa condición que todos tenemos de intuir, imaginar y crear. Éstos sienten también el chispazo interior cuando están leyendo un texto, un poema, un cuento, o una fábula, si está estructurado pedagógicamente con creatividad, con imaginación, con novedad didáctica en el uso de los distintos recursos de la lengua y de la plástica, porque de igual forma las ilustraciones evidentemente tienen cierta carga alegórica.
Aunque un texto infantil se diferencie de otro, precisamente en el lenguaje usado, justamente por razón de edad, pues por ello el autor no está obligado a convertir el lenguaje empleado un desierto, un árido trayecto expresivo que en vez de despertar los sentidos del infante, lo que haga sea aburrirlo, desmotivarlo, incitarle al tedio. Todo lo contrario tiene que ser: el texto debe permitir al niño saciar su peculiar curiosidad imaginativa, su porosa facultad de asombrarse y hacer posible el vuelo de sus espejismos.
No es posible que el texto estimule la imaginación cuando la lectura que está haciendo el niño presenta una configuración lingüística despojada de la magia del lenguaje. Muchos de esos autores de literatura infantil en el fondo no son creadores, artistas de verdad, orfebres de la palabra, no son transfiguradores del lenguaje: son seudoartistas. Lo primero que debe ser, hablando con propiedad, todo escritor de literatura infantil, es un verdadero cultor o artista de la lengua.
Muchos de ellos, lo que realmente son negociantes de la expresión. No cuentistas, no poetas, sino traficantes del lenguaje, aunque hay excepciones muy dignas y bien celebradas dentro de esa camada de hacedores de literatura infantil refrendada por el Ministerio de Educación.
Para decir que todo no está perdido, aquí tengo en mis manos como prueba un texto de poesías infantiles de sorprendente estructuración poética dentro del género que le corresponde. Este texto cumple todos los requisitos que debe tener una lectura para escolares, pero a la vez es un discurso que tiene garras en el lenguaje, que pone al niño en la senda del asombro poético, lo hace que sienta la revelación primigenia del lenguaje, el humo connotativo de las imágenes y símbolos; lo pone a intuir, a soñar, sentir y disentir, porque el lenguaje que usó el autor no está despellejado de la miel de la lengua, del cerco subjetivo que la palabra nos tiende cuando artísticamente bien combinada con otras la empleamos, en una sintaxis adecuada para infantes, al mismo tiempo con una elaboración lingüística que pedagógicamente atrapa la individualidad del niño y le enciende el pensamiento, hace surgir el placer del texto, la ensoñación; en fin, es una huida lúdica hacia sus fantasías donde el infante huele, olfatea, contempla, viaja, degusta, se aísla de su contexto para así ingresar más hondamente a su entorno.
Por eso Monedas al aire es un conjunto diferente de poemas infantiles, novedoso, donde todos los textos están escritos con criterios netamente didácticos, por lo que se percibe fácilmente que quien creó esos textos es un artista de la palabra, un verdadero creador.
Exactamente, ese es el reto que tiene que enfrentar el productor de textos de lectura infantil: elaborar, dentro de los parámetros de la pedagogía actual, sin salirse de los presupuestos didácticos, textos que respondan a la edad de los niños para los cuales se escribe, pero a la vez que sean lecturas que despierten la curiosidad simbólica, que sean lecciones con símbolos e imágenes en el lenguaje articulado, construcciones lingüísticas, que aunque estén hechas en base a ciertas estrategias pedagógicas, contengan juegos sintácticos, estrategias conceptuales, contextualizaciones rítmicas capaces de subyugar el pensamiento del infante que comienza a interesarse por la magia de los distintos recursos de estilo, que elaborados con novedad, induzcan al misterio lectural, provocando la imaginación y a la vez sumergiendo al pequeño en una búsqueda de percepciones sensitivas y sensoriales, que lo devuelvan a lo originario del lenguaje para así penetrar la naturaleza de los fenómenos, y esa no menos extraña naturaleza interior del sujeto lector.
Esas virtualidades enunciadas, esos efectos conceptuales y sensoriales, que ya se han mencionados que debe suscitar una obra de textos poéticos escolares, podemos encontrarlos sin dificultad alguna en el texto de poesías infantiles que hoy ponemos a circular.
En cada poesía de Monedas al aire, Julio Adames asume el lenguaje desde una perspectiva doble: por un lado el artista con pericia en el manejo del instrumento de comunicación, fundando sortilegios y extrañeza; por el otro costado del asunto, tenemos al educador consciente del trabajo que debe realizar en el lenguaje desde la vertiente didáctica, en la cual tiene que manejar la destreza necesaria, cuestión que no descuide el artista que evidentemente es, para que el conjunto de poemas sea un instrumento de desafío para la subjetividad, un escape lúdico a un ocio de placenteras cognoscitividades, un salirse de la realidad fáctica para de una vez acceder a otra dimensión de conocimientos.
Tan sólo algunos ejemplos tomados al azar bastan para ejemplificar lo antes expresado. Leamos: “Hay un pez soñando al final de la línea donde la luz resbala” (El relámpago, pág. 17). “…el sol se come una hoja de papel en la calle… El sol tiene hambre” (El sol, pág. 18). “He recorrido la silueta de la tarde en un vaso” (Transparencia, pág. 21). “Tomo un poco de luz en mis manos” (La luz es magia, pág. 23). “…Un pájaro tocará mi corazón/y una leve llovizna mojará/mis cabellos. /Entonces tendré/plumas como el alba”. /Y dos alas seguras/para el vuelo” (La espera, pág. 25). “La punta del trompo dibuja el universo” (El mundo gira, pág. 33). “Los niños descubren un lenguaje/que no se aprende” (El mundo gira, pág.33).
Me permito transcribir un poema titulado: Una miga de pan, pág. 38. Tiene un lenguaje llano, sumamente descifrable pero con una gran carga alegórica. Da la impresión que es un cuentipoema, aunque a veces parece una fábula, donde el niño siente el chispazo poético y el horizonte incandescente del narrar, del poetizar o del fabular. Es una joya en la modalidad de la literatura infantil actual. Leamos: “Quito las arrugas/del mantel/y veo la miga de pan que cae/al borde de la mesa/.Me inclino/la tomo entre mis dedos/y la observo en silencio…/! Ah, de repente me siento más simple/que una miga de pan!”.
Podemos tomar a Monedas al aire y leer todas las poesías que contiene, y quedaremos sorprendidos de los aciertos que posee o adornan dicho texto para ser indudablemente lectura idónea para infantes, a la vez servir de modelo para otros que quieran incursionar en el cultivo de poesía infantil.
Concluyo exhortando a todos los directivos, maestros y maestras de centros educativos privados y públicos, que hagan lo posible que sus discípulos infantes tengan la oportunidad de dejar provocar su pensamiento leyendo a Monedas al aire, ya que así, después de degustar cada poesía, serán otros sujetos; su subjetividad se irá a encender y volarán muy alto a través de la intuición, la imaginación y la reflexión; se trasformarán en críticos, inventivos y participativos.
Moca, 30 de junio de 2010

UN NUEVO TEXTO NARRATIVO DEL PROFESOR ALBERTO ALMANZAR

CUANDO LOS ÁNGELES LLORAN O LA ALEGORÍA DE NUESTRA ORIGINARIA IDENTIDAD HISPANOAMERICANA.
Por Pedro Ovalles
Todo texto narrativo debe poseer ciertas garras en el lenguaje capaces de subyugar al lector. Debe, además, conmocionar la subjetividad y producir temblor reflexivo. Lograr atrapar la intención del lector por parte del escritor, pues supone poseer cierta pericia en la estructuración lingüística, en la configuración temática y en la entronización de elementos narrativos novedosos cuyo soporte es el lenguaje.
Cuando un texto narrativo envuelve al lector en una neblina de encantamiento y lo sumerge en un abismo de apetecidad lectural, es porque la atmósfera del relato presenta una sublimidad expositiva que hace fascinante tener el texto en mano y degustarlo en cada línea, en cada detalle, en cada rasgo psicológico, en cada descripción física, en cada característica del ambiente, en cada situación expresa o implícita de la trama, momento antes y después del clímax del nudo narrativo; en fin, en todas las fisonomías culturales que permean las diferentes actitudes de los personajes creados por el narrador. Es así que el lector va conformando un universo de situaciones de raigambre humana que hace posible el placer del texto.
Todas esas condiciones, y otras más, producen invención en el lenguaje empleado, por lo que surge una búsqueda afanosa del lector en el mismo instante que queda preso en la vorágine deleitable de la ficción. Y toda esa exploración es motivada por encontrar dilucidación a suscitaciones epistemológicas que proyecta el discurso producto de la carga connotativa que se ha tejido a medida que todos los componentes del texto se fusionan para dar a luz un cosmos poseedor de infinitas posibilidades de sentir y disentir, de reír y llorar, de sufrir y gozar.
Es decir, el texto narrativo que trasciende es aquel que transfigura no tan sólo la lengua en la urdimbre expositiva, sino, además, al lector mismo, en la medida que lo convierte en otro sujeto; lo saca de la dura realidad que lo envuelve para que acceda entonces a otras dimensiones de cognoscitividad, a otras esferas de reflexividad, a otros horizontes de libertad hermenéutica, a otros abismos de ardor conceptual.
Es por ello, se reitera, que de ese trance surge otro ser humano, un nuevo sujeto que se ha posesionado de una creación insólita, única e irrepetible para él –y para cualquiera otro leedor también– en cada lectura y en cada época. Por consiguiente, es un texto que presenta cierta primicia que lo acredita para que siempre siga siendo nuevo, parafraseando al poeta y pensador norteamericano Ezra Pound.
He formulado lo anterior para decir lo siguiente en torno al texto narrativo Cuando los ángeles lloran del profesor Alberto Almánzar. Comencé a leerlo y no pude soltarlo hasta que llegué a su fin. Me hechizó. Indudablemente, el hilo narrativo envuelve ciertamente al lector, y lo digo porque la trama me atrapó: su ambiente mágico–fantástico me hizo recordar que soy hispanoamericano, formado e inmerso en unos aspectos culturales donde la realidad que nos circunda día tras día se vuelve más irrealidad que la propia fantasía que a veces nos ideamos producto de las rasgaduras que sufren nuestras vivencias en un medio saturado de eventos extraños; éstos provocan que nos transformemos en seres extraterrenos.
La novela que se comenta tiene esa virtud de avivar esa metamorfosis. De ahí que nuestros sueños y esperanzas, ilusiones y alucinaciones, penurias y alegrías se tornan de pronto fenómenos que tienen características fuera de lo racional.
Fuera a parte de electrizar en el sentido antes enunciado, Cuando los ángeles lloran posee un imán que atrae no tan sólo por estar su trama basada en las creencias originarias del hispanoamericano, sino por lo que cuenta, por su conexión narrativa, por la cuota de romanticismo que nos hace vivir y a la vez nos hace rememorar novelas emblemáticas de la literatura hispanoamericana: María de Jorge Isaacs; Aura de Carlos Fuentes; Pedro Páramo de Juan Rulfo; Amalia de José Mármol; Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, entre otras más.
Hay todo un drama relatado con desgarrador humanismo y con una intensidad amorosa que nos deja perplejos, exhaustos, delirantes, enternecidos, poseídos de una febril pasión. En toda la ficción hay desgarro existencial, desnudez espiritual, candor sentimental, apego a creencias que siempre han sido rasgos distintivos de la identidad cultural y religiosa de estos pueblos latinoamericanos, razón de vida, norte existencial de sujetos poseedores de un conjunto de valores hoy en día ya reemplazados por otros que chocan directamente con los de Soledad, el buen señor Ben, la compasiva sirvienta Teresa y el no menos prototipo cristiano, el joven Simón.
He ahí cuatro tipos ejemplares, paradigmas de nuestra cultura más clásica. Poseen una formación religiosa donde toda su vida gira alrededor de fundamentos antiquísimos, que generaciones tras generaciones han moldeado nuestro talante. Son sujetos de valores, incapaces de hacerles daños a otro semejante, por lo que se vuelven un tanto dependientes de sus consejeros clericales; actúan basados en normas estrictas, reglas religiosas que les ponen límite a su conducta, por lo que se convierten en ciudadanos fáciles de manejar y carecen de decisiones propias; su vida es una monotonía para otros, mientras que para ellos es totalmente normal y necesario; es alargar más la vida a través de la expiación, la oración permanente, la obligada consulta con el cura, el apego a la familia, el respeto a los padres, todo un cuadro de ciega obediencia a los mayores y a la memoria de sus seres queridos vivos y muertos.
Plantea, asimismo, la oposición de dos patrones de creencias de forma de vida diametralmente opuestos: el ser humano de estos tiempos que exhibe una libertad desbocada, despojado de religiosidad, ateo confeso, violento, arbitrario, inhumano, irrespetuoso, agresivo, desarraigado de su hogar y familia, todo ello en franca oposición al estilo de vida que suponen las creencias y actitudes de los cuatro personajes ya mencionados y que son los principales de la novela comentada del profesor Almánzar.
Se entiende esa dicotomía de rasgos culturales como una crítica a la actual turbulencia conductual de las familias de esta época falta de verdaderos valores humanos, por lo que transmite una hermosa moraleja a los lectores. Para poder el autor lograr tal propósito, tuvo que construir un ambiente semirural, ni cerca pero ni lejos de la ciudad. A veces creemos que los interlocutores están en las periferias urbanas, otras veces percibimos que son oriundos de un campo tipo Distrito Municipal, o que reaparece aquí la mítica Macondo con su entorno arropado de extraños fenómenos, de singulares sujetos, de una realidad más maravillosa que los sueños mismos, de un tiempo cíclico de mágicos lugares, de increíbles aventaras, de absurdas convicciones, de seres humanos constantemente alucinados, transformados en fantasmas.
El autor tuvo que hacerlo así para poder elaborar la trama de la narración, ya que ubicando el escenario de acción en el centro de la ciudad, pues hubiese tenido que modificar el carácter y toda la naturaleza de los personajes, creencias y costumbres, valores y actitudes. Es por ello que el novelista supo hacerlo: tanto en la formación de los personajes como en las características del ambiente donde se despliega el relato, existe una homogeneidad de cualidades: el pensamiento de los protagonistas coincide con los detalles del lugar donde se desarrollan las acciones, discusiones, encuentros, convivencias, familias, creencias, paraje de Cuando los ángeles lloran; es la forma más idónea de desnudarse cada sujeto de la narración ante el choque que surge al quedar indefenso cuando la cruda realidad le pone vallas a su franqueza espiritual, a su voto de castidad.
Lloran, porque es la única forma que tienen los limpios de alma y de pensamiento cuando sus creencias se interponen ante el logro de sus deseos o anhelos, cuando su mundo de sueños se estrella contra los diques de una realidad desfigurada, o mejor dicho transfigurada en fantástica por lo insólito de sus creencias inamovibles, añejas y absurdas, cuya dureza convierte el pensamiento en una coraza que no admite cambios algunos, por eso los personajes de la novela comentada viven un círculo vicioso: los hijos apegados a las faldas y ruedos de sus padres, de la iglesia al hogar, de éste a su trabajo.
Todo un vivir monótono, congelado en un círculo vivencial que poco a poco lo va despojando de su subjetividad, de su individualidad, para luego edificarle otra personalidad totalmente erosionada por caracteres culturales que empollan cábalas, tabúes, mitos, supersticiones, todo un pensamiento de no lucidez lógica, nada científico, alejado de toda proyección tecnológica; es como girar sobre los mismos ejes de una rueda, cuyo movimiento supone, aunque resulte contradictorio, una estaticidad, una eternidad agridulce, una gloria pero a la vez un infierno, un paraíso prometido sin más indicios que las descabelladas inhibiciones que poco a poco van convirtiendo al ser humano en extraterreno.

Moca, 21 de junio de 2010

viernes, 25 de junio de 2010

GARRAS DEL VAPOR



GARRAS DEL VAPOR

(LIBRO INÉDITO)

LEONI DISLA

MIEMBRO DEL TALLER LITERARIO TRIPLE LLAMA DE MOCA

ÍNDICE

POEMAS PÁGINAS

-DIBUJO………………………………………..3

-ARENA TRAS ARENA……………………...4

-LAS HOJAS CAEN…………………………..6

-GARRAS DEL VAPOR……………………...8

-YOIGUIN DE DESPEDIDA………………..10

-AUTOMATAS……………………………….11

-COMO UN RETRATO……………………..13

-SUEÑO ROTO………………………………15

-¿VIVIR EL PASADO?..........................17

-¿EN DONDE ESTAS?..........................19

-ABSORBEME, VIENTO……………………21

-VENDAS OBSOLETAS…………………….23

-CAUTIVANDOME ME LIBERASTE……..24

-NAIPES ENBRIAGADOS………………….25

-UN INSTANTE……………………………….26

-TU VIDA ES UN CUENTO…………………28

-LLUVIAS Y NIEBLAS………………………29

-LLUVIAS DEL ALMA……………………….30

-LA LLUVIA……………………………………31

-FUEGO DE MIL ESPADAS………………..33

DIBUJO

Dibujo en el tiempo y es el tiempo quien me dibuja. Dibujo una sonrisa, una lágrima feliz, el adiós sin regreso, la lágrima que suda, una colmena de abejas que sale de mi alma o del grito de mis venas. Dibujo el dolor que bosteza. Dibujo y dibujo, sin prisa y sin descanso, porque hasta mi descanso dibujo en el papel que marcha segundo a segundo por su largo camino, en su viaje sin regreso. Y es mi vida de carbón y madera, leve como pluma, que va quedándose plasmada en los dibujos de la vida.

ARENA TRAS ARENA

Una flor vi hundirse debajo de las arenas abigarradas con las lágrimas. Una flor y sus pétalos palpitando rosas. Sueños que tenían que morir. Flor serena y alegre. Hoy seguro ríe debajo de las arenas. Ellas le guardan a su pelo, a su risa un espacio. Arena tras arena se ocultó un espacio y su universo; sus cantos, sus recuerdos: abismo de un caer infinito. Los sueños: castillos erguidos que llevan su nombre y hoy deambulan sin sentidos allá donde los dejé, allá cerca de Orión, en el sol, debajo de las arenas. Todo el pensar, todo el soñar, todo el vivir, todo con su nada; ya la aprecian, ya la acarician las arenas. Las arenas: cuerpo de extraña independencia que anda siempre unido en un batallón de colores, haciendo de su mundo, un arco iris que no puede eludir su beso a la sal; pero que hoy guarda en su vientre todo lo que fue, todo con su nada. Todo duerme allí. Todo se quedó allí, debajo de las arenas, arenas que hoy yacen como las peñas en los lejanos desiertos de un corazón.

LAS HOJAS CAEN

Las hojas caen, por más fuerte y vigoroso que el árbol sea. Las hojas caen, a veces ligeras y tiernamente; a veces bruscamente y de repente; pero caen y a su vez destierran un universo de espejismo, o besan algún color del arco iris de la vida. Caen, amigos, las hojas caen: como ebrias enredándose por los cabellos del dulce aire, mientras caen con un hondo mutismo, al igual que el fiel guerrero que cae tendido y sin remedio en el campo de batalla, tras la muerte de su propia espada impulsada por sus propias manos. Así caen las hojas, con un grito y un lloro de un silencio desconocido; caen sin retorno, con un adiós insondable, reconocen su derrota, y dándole la mano a la muerte, se van para siempre: así como todo hombre, así como toda ilusión.

GARRAS DEL VAPOR

Se va la mirada con su gesto: la flor con sus pétalos y el crepúsculo en el tren de un anochecer. Todo lo bueno se evapora y a la vez se queda como las huellas en las piedras; se esfuma dejando su todo clavado en el corazón, allá muy adentro. Son como garras después del vapor que se quedan arañando el ser hasta los tuétanos de sus entrañas; pasajeros que nunca llegan a sus destinos; brisa que pasa quebrándose y deja su sustancia durmiendo en algún recodo. Vapores infinitos, pues se van y se quedan: rayando el espacio y sumergiendo sus garras en los indefectibles recuerdos. Es como una muerte que tiene una eterna vida: espuma que al desvanecerse hechiza los segundos elevándolos al infinito; grieta que ensancha la paz del alma pero que no admite anestesia ni puntos. Lluvias que mientras caen inundan los suelos siempre ocupando el mismo lugar en el mismo espacio con el mismo cuerpo. Vapor que al desintegrarse deja su alma en forma de cruz con sus brazos extendidos intensamente apretando.

YOIGUIN DE DESPEDIDA

Voy a clavar una daga en el vientre… No habrá más palabras. Se callará junto con los resonantes ríos y los bramidos de los mares: el fonema acre que produjo este mi corazón. Y la faz se hará ausente como mirando a la nada. Voy a clavar una daga en el vientre… Tal como lo hace un samurai en el rito harakiri: escenario donde éste hunde el filo sin temblor en su vientre, prefiriendo dejar el hueco de una distancia antes que la mueca de una deshonra. De igual modo clavaré la daga en el vientre de este putrefacto pensamiento, lacerante enemigo eterno y éste es el yoiguin de su despedida.

AUTÓMATAS

El círculo se torna (al paso de los segundos) menos interesante, menos tierno, menos palpable, e irónicamente multitudes se complacen en darles vueltas y más vueltas, y dentro de ellos nadie protesta, todos sonríen y como si nada pasara caminan y hablan bien entretenidos; y van todos sometidos a un extraño ritmo (vaga cadencia). Vistiéndose. Andando. Dialogando. Todos son iguales como las hojas de un mismo árbol. Una tuerca se cae y alguien (sin saber por qué y para qué) la toma y poniéndola en su lugar la aprieta. Todos van hacia delante; van, y aunque no sepan a dónde, pero corren todos hacia el frente (sin saber la razón): corren hacia delante (como si su propia ignorancia los persiguiera a pasos gigantes).Van dándoles vueltas sin descansar a un pobre círculo muerto, y raramente quien se marea pues son autómatas máquinas orgánicas de carne y nervios de lata. Máquinas humanas: hoja de latas y huesos que presumen ser las más apuestas en su mundo de tarjetas perforadas, de tornillos y tuercas.

COMO UN RETRATO

Como un retrato helado, como un retrato, paralizado dentro de un hielo, helado sin poder ir ni hacia atrás ni hacia delante, totalmente estático como si la epidemia que atrapa a los ordenadores me hubiese conquistado a mí también, como si un dulce hechizo se halla adueñado de mi existencia dejándola pasmada más que atónita. Y sobre el origen de este fenómeno no me preguntes, porque no lo sé, no sé si esto es amor, pasión, o si es que he atravesado el lindero hacia la locura. Pero algo me ha dejado congelado en el frío fatal que funda y hace de mí una fotografía. Neutro como un árbol estoy, parado en una sola melodía que recorre días tras días (cual si fuese jinete) por mi mente, mente que está helada también así como yace mi vida, la lluvia, el canto… Helado el corazón y todo lo existente, en los pensamientos que hablan sólo por ella.

SUEÑO ROTO

Sahumada la utopía que trajo el destino. Sueños congelados desintegrándose gota a gota en un río de aguas negras. La catarsis se ha tornado un adefesio en esta vana búsqueda de lenitivos, en donde el corazón resuelto de ademanes tilda sus pinceladas (como si fuesen las últimas) en el cuadro de la vida. El rosario yace roto y ausente su rezo y la canción alcoholizada de alegría cambió su acento; ahora es endecha triste como el paso lento del reloj. Recomendaciones de falsos amuletos ¡aquí! donde no funciona la magia ¡aquí! donde el encanto está roto como el sueño que nació despierto. Grieta blindada con ardua disciplina. Epidemia y lluvias de palabras que caen desechas en las cenizas del tiempo. El plenilunio consuela la lágrima, consuela el moribundo latir, consuela todo y no consuela nada aunque si abre con su haz de luz plateado lo más recoveco de este sufrimiento. En esta pernocta del sueño roto, en donde todo cae y nada vale; en donde todo pierde el sentido: que de la tierra a la luna pondrán los rieles del tren, que el cielo cambiará su camuflaje azul por el violeta y que las sirenas y las hadas dejarán de ser mito. Todo podrá tornarse distinto, pero ya nada importa en este sueño roto: todo pierde el sentido.

¿VIVIR EL PASADO?

Querer vivir el pasado es aniquilar con una daga mohosa los bellos colores que irradia el crepúsculo del vivir a cada instante. Quedarse en el pasado es darse un sorbo largo de melancolía; es darle un abrazo a una sombra mustia y muerta. Quedarse en el pasado es ponerse un abrigo desgarrado en un perpetuo invierno, porque todo pasado, pasado está, y éste dio sus caras alegres y tristes, sus momentos versátiles, sus risas y sus llantos, y sus frutos. Querer quedarse en él es cargar con el arduo peso de que ya somos libres; es sepultar el árbol de la vida, hasta su sombra (lo que somos y seremos). Quedarse en el pasado es vivir un infierno, porque éste no es más que una moneda inválida, una flor marchita, un canto de ceniza, polvo acre de lo que en un tiempo fueron los huesos del tiempo. Quedarnos allí es consumir con el fuego de la ceniza los bellos momentos del presente.

¿EN DÓNDE ESTÁS?

¿En dónde se escondió la fecunda madrugada de recuerdos, las caricias de la luna en el azul archipiélago? ¿En dónde se ocultó la lumbre? Pues arcano es lo que a diario se divulga en las calles y plazas. Deliran mis ideas, se entrechocan mis sueños. ¿Adónde voló aquella ave? Tan sólo quisiera ver su silueta y no morir ahogado en el trasfondo de la tierra. ¿Dónde está el árbol en el cual se asentara la alondra de mi corazón y el suspiro de mi mirada? Se desintegra mi vida en diminutas arenas esperándole e imaginando que llega. Mis esperanzas rayan cada día más en lo posible: caudal de palabras que me parecen mofa. Entretanto un mar de espejismos me ahoga en disoluciones, convirtiendo mi vida en un cuento lleno de vagas alucinaciones. ¿En dónde está? ¡Oh! ¿En dónde se encuentra? Y es que deseo que cruce el umbral de lo incierto y haga de mí las mil novelas. Empezar juntos como aves a soñar despiertos. Darle alegría a la tristeza. Convertir lo posible en cierto. Deshacerme de todo anhelo y hacer de ella mi pensamiento.

ABSÓRBEME, VIENTO

Absórbeme, viento. Llévame contigo debajo de tu silencio, de tu invisible abrigo. Desarraiga mi alma y hazla volar como papel hasta que se hunda en el espacio. Llora conmigo y mis ideas. Despiértame. El latir yace muerto y sangra sus últimas y lúgubres palabras patéticas. Eleva al cielo mis lágrimas y no las dejes morir en lo húmedo de esta tierra. Sílbame palabras y versos que por un momento traguen las grietas de mi pecho. Móntame en tu silla y cabalguemos juntos con o sin velocidad: ¡no importa! Pero trasládame por los desiertos de esta vida esparciéndome como ceniza por las tierras desoladas y embriagadas de penumbras. Invádeme con tu alegre tristeza, con la cual sacudes a los recónditos montes. Sopla el velamen y hunde esta mi vida en el llanto de tu canción que camina a sola por la herida tierra y déjame exento de mi planeta. Déjame plasmado en tu universo y resígname quedar en el olvido, haciendo escuchar también mi silencio.

VENDAS OBSOLETAS

Vendas obsoletas, por eso al caminar dos pasos se ven caer las lunas, los castillos y toda creación del ensueño. Porque no hay sueño sino una espada adherida donde residen los pulsos de los ojos indelebles. Y hecha el tiempo callos, callos amargos. Porque se hace espinoso ver todo cuando se están desplomando los pétalos sonrojados de los ojos que ya no duermen.

CAUTIVÁNDOME ME LIBERASTE

Ardían las cadenas de mis interiores. Ardía el sepulcro que me guardaba. Ardía agrio hasta el aliento que me sostenía. Ardía la llama y yo fui las cenizas. En esos entones apareciste con una rara manera de desprender ademanes, cual cólera del encanto, cual beso sublime que de toda razón nos aleja. Y viendo tus ojos de fuego al compás de los movimientos de tus alas, fueron como al suelo cayendo las cadenas que me aprisionaban. Y sin esperarlo, como a ti me crecieron las alas, entonces fue cuando me di cuenta que cautivándome me liberabas.

NAIPES EMBRIAGADOS

Naipes embriagados con las cartas del que duerme. Algunos con el corazón rojo, otros con la vida de cuadros y yace una parte moribunda con el corazón ya negro. ¡Pero todos!: dejan sus huellas en la pista calorosa. Y creen jugar el juego de su vida. Y creen que se viran y esperan su suerte, ignorando que la brisa es el semblante de los castillos invisibles que pasan, ignorando que hay dedos fuertes, muy fuerte que viran a su modo sus frágiles cuerpos.

UN INSTANTE

Un instante llega y me abrasa y vibran como cuerda de guitarra los interiores de mi corazón. Un instante con un hermoso canto de colores que hacen que mi piel se pierda en lo oscuro de la brisa. Sublime pero desconocido su canto de luna dormida, aunque sé que lleva en sus manos la esencia de una flor cantando. Instante con ojos y manos con lunas y soles con voz de ocaso y ardiente pasión como ninguna. ¡Instante! Tan breve pero lleno tantas cosas; instante, glorioso instante que trato de atraparlo en mi jaula de espuma, pero nada consigo sino sólo contemplarlo por un instante, y con lazos azules de mi ser, le hago centenares de amarras, pero nada consigo sino sólo abrasarlo por un instante.

TU VIDA ES UN CUENTO

Tu vida es un cuento, de esos que son pura fantasía. Tu vida es un cuento; un castillo enorme a base de cerillas; un hermoso camino asentado en el aire; un fantasma que a la realidad le huye; una historia preciosa que como espuma en un vació se hunde. Tu vida es un cuento pincelando la nada; una búsqueda magnética de alguna formula que te ayude a no tocar la tierra. Tu vida es un cuento fantástico. Y nada real allí se acerca; tu vida es así, como lo es también tu pasión. Todo en ti es un pan fantástico muy bueno para que se lo coman las aves.

LLUVIAS Y NIEBLAS

Nieblas y lluvias envuelven esta noche en un paño de melancolía; paño: suave y tétrico, agrio y dulce que me envuelve en las brisas tristes de la noche. Porque cae menuda como pensante arrastrando historias, la lluvia. Y baña la noche y un rincón de mi ser, con los cuerpos, las canciones y los momentos: recuerdos que no se conforman con vivir en los días fenecidos. Y algo camina entre las finas gotas que descalzan el alma; quizás, un fantasma o una ilusión óptica de esos espejismos que reflejan lo añorado.

LLUVIAS DEL ALMA

Lluvias, lluvias del alma; lluvias que sangran y son la voz de alguna alma herida. Lluvias frenéticas e incontrolables que hablan de una hermosa esfera, pero de radiante dolor. Lluvias, lluvias elegidas como para representar el duelo de Dios. ¡Lluvias! De un ser que llora por algo tan blando y tan hondo como lo es el amor.

LA LLUVIA

La lluvia es un relámpago que en una fosa sentimental nos hunde. La lluvia es coraje y los acordes de alguien que en su lucha azul persiste. La lluvia es el encanto desfragmentado escrúpulosa-mente, y todo instrumento de melodía honda los une. La lluvia puede ser él, como puede ser ella, porque es un espejo: ¡espejo de espadas! La lluvia es un mundo tejido en diamantes que danzando se diluye; un campo de libros inéditos; el paseo por la sinfonía honda e insonora ante toda lógica. La lluvia es tantas cosas como las tantas gotas que la reúnen. Por eso muchas veces es una distancia que nos cubre; la canción que en los labios del deseo se deshace; la noche de caracol que triunfa sobre el baile alegre del alma. A veces canta con la alegría reluciente de trillones de estrellas. A veces solloza. La veo llorar como niña, llora hasta al fondo, hasta irse toda escurridiza por las alcantarillas amargas; pero casi siempre toca los acordes de mis más recovecos adentros.

FUEGO DE MIL ESPADAS

El cielo se abrió como una carta y en él apareció la luna. ¡Oh, la luna narrando con el fuego de mil espadas! Se fue el sol con sus últimos alaridos, volando opaco en el ocaso. Ahora la noche se abre como papel perfumado y la tierra empieza a beber el vino que la luna con sus exhalaciones le manda. Y yacen en las calles niños contentos, aunque descalzos y desnudos. Parejas felices en tóxicos idilios. Versos que caen como hojas y desde una vieja mecedora la nostálgica mirada de un anciano fotografía aquella moneda blanca que ahora le ofrece el vuelo a todo aquel que desee ir a mundos inéditos. ¡Todos parecen felices, hasta las piedras que en sus bocas de alcohol estrujan algunas palabras! ¡Y todo parece hundirse en las blancas olas de la placidez! Excepto mi espíritu que algo lo corroe; algo surca inquietando las frondas de mis interiores; algo que me deja pensativo como el espacio hoy plateado, y es a lo mejor un rostro de esos fantasmas que creí olvidado, pero que hoy se hace eterno como esta noche envuelta en la luna.


MICROCUENTOS DE FARI ROSARIO

MICROCUENTOS DE FARI ROSARIO

Cuento dos
ORÁCULO

Mi madre me dijo que mi supuesto padre es un militar de los que lucharon en la guerra civil. Dijo también que de vivir aún mi padre es posible que resida en la frontera. Sí, es cierto lo que dicen todos: he recorrido todos los pueblos buscando a mi padre, pero hoy haré el último viaje.


Cuento nueve
MALA SEMILLA


CUENTA una leyenda semita que había un rey beligerante y muy encaprichado con el arte de la guerra. Se dice que no dormía y que su imponente ejército no acababa bien una guerra, cuando ya había recibido el comunicado para hacer la guerra en otro bando. El rey no daba tregua. Una mañana la esposa del rey le comunicó que estaba en cinta; él reaccionó convocando a todo el ejército, y lo saludó diciendo: “Durante 9 meses no habrá guerra; mi mujer está embarazada, y mi futuro hijo no debe respirar el aire de los muertos ni escuchar el fútil grito de los caídos en los campos de batalla”.
Así se hizo. Lo sorprende del caso es que al nacer el venerable imberbe, el rey murió al tercer día. (Aún no se sabe la causa). Mucho tiempo después, el hijo del rey asumió el trono de su padre. Pronto se ganó el nombre de “el hombre de hierro”. Y he aquí que el venerable no solo extendió el reino, conquistando nuevos territorios, sino que declaró la guerra a todos; incluso a los pocos reinos que gozaban de la simpatía y la benevolencia de su padre.


Cuento diecisiete
CORRECAMINO


Una posibilidad. Una entre un millón de posibilidades en el tiempo y el espacio con olor a nardos y a eucaliptos. Y esa posibilidad se adhirió a mi camisa húmeda de sudor. LA ALEGRÍA virgen del universo nos hizo coincidir aquella tarde de carnaval. Yo estaba disfrazado de diablo cojuelo; al verme saliste corriendo, tal parece que te aterrorizaban los diablos, por lo que me quité la careta y salí a tu encuentro…
Ella y yo. Ella y yo recorrimos la calle, dejamos borrosas huellas sobre el asfalto. Y allí estabas tú. La posibilidad me sonrió en tu rostro de niña.
Y así, en silencio, y sin el intervalo irreverente de los relojes, comenzó el rito y la felicidad que duró tan solo veinticuatro horas. Caminamos calle arriba, calle abajo embriagados, rozándonos las manos… y de nuevo calle arriba buscando un rincón, y desde entonces recorro todas las calles del pueblo con mi careta en la mano.


Cuento dieciocho
SOLIMÁN

Mi perro Solimán murió solo bajo el samán: era Viernes Santo, también día de carnaval.


Cuento diecinueve
“TRANSTERRADO” O LA PARÁBOLA DEL MÁS ALLÁ


Cuando vio el noticiero supo que era un exiliado.


EL JABALÍ

El jabalí avanza sin mirar atrás; viene de la montaña, y ahora recorre el camino a toda prisa. Trata de esconderse de una sombra que lo persigue. Avanza buscando el río de un modo furtivo, pues ha llegado ha pensar que en cuanto llegue al mismo, la sombra desaparecerá o perderá sus huellas. Pero ya próximo al agua, el jabalí percibe otra sombra, esbelta, vertical, zigzagueándose con un rifle o escopeta. Entonces el jabalí cae en cuenta que no sólo es una sombra; ahora son dos sombras las que lo persiguen.


Cuento cuarenta y siete
LA MUJER DE LOT


ELLA entró sigilosamente a la taberna y pidió un trago, como la mujer de Lot. Tomó otro trago, y después fue al espejo, como la mujer de Lot.
Despertó. DESPUÉS se vistió, atravesó la puerta y se fue pensando en Lot, y en el patético hecho de ser la mujer de Lot.


Cuento cincuenta y dos
LAS PLAGAS DEL PARAÍSO


En la calle X hay una estatua de San José. San José está allí desde el inicio de la fábrica de cerámica, en la calle X como dije. La estatua es tan bien proporcionada y bella, que San José, en persona, algunas noches baja y reposa en ella. Reposa y duerme serenamente, puesto que en el Paraíso aún se escuchan los lamentos de las personas que jamás dejaron de quejarse en la tierra. Una de esas noches, San José, que reposa en la imagen de sí mismo, se quedó dormido y tuvo un sueño perturbador: soñó que afanosamente construía una casa grande, inmensamente grande. De súbito, vio a un hombre estrafalario arrastrando una cruz, pero al ver rostro se dio cuenta de que era el hijo que él había criado. En medio de la angustia y la incertidumbre se preguntaba: ¿cuál sería el carpintero que se ha dejado engañar por el diablo, construyendo una cruz para mi hijo?
“No puede ser, lo defenderé… aunque sea mi hijo ilegítimo”.


Cuento cincuenta y tres
EL PREMIO FINAL


Soy un escritor prolífico, establecido y consagrado al oficio. Soy un escritor serio y de gran fuste, aunque los críticos de pacotillas digan lo contrario. Una muestra de mi exitosa carrera de escritor son los numerosos premios que he recibido. Hace un tiempo, como ustedes sabrán, recibí el “Premio Asterión” por mi novela Viaje a la ciudad prohibida. Ayer, para sorpresa de muchos, se me concedió el “Premio Plutón”. Solo que este galardón, se identifica totalmente con el estado de cosas del Premio, es decir, recibiré mi premio dentro de un millón, trescientos ochenta y cuatro mil años luz… Mientras tanto sigo escribiendo.


Fari Rosario. Nació en Moca, Provincia Espaillat, República Dominicana, en 1981. Tiene una Licenciatura en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, PUCMM. Ha trabajado como profesor de Literatura Dominicana e Hispanoamericana en diversos colegios. Actualmente es profesor de Introducción a la Estética en Recinto Santo Tomás de la Universidad Católica Madre y Maestra. Trabajó como autor de libros (Lengua y Literatura) para la Editora Santillana. Ha publicado, además: Cuentos profanos (2007); El coleccionista (2008); El discurso de la interioridad y la condición humana en Una rosa en el quinto infierno (breve ensayo, 2009).


Próximamente se publicará El columpio de los sonámbulos, una antología de microcuentos dominicanos. Mientras estuvo en el Recinto Santo Tomás de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, fundó el círculo filosófico “Conócete a ti mismo”; tiempo después funda el círculo literario “Manuel del Cabral”. Fue director y coordinador del Taller literario “Octavio Guzmán Carretero” (Moca). Más tarde, de regreso a Santo Domingo, funda el círculo literario “Manuel Rueda”, correspondiente al Ateneo Insular en Santo Domingo. Es miembro del Interiorismo (movimiento literario) desde el 2004.

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Etiquetas: Cuentos, escritor dominicano, Fari Rosario