sábado, 23 de julio de 2011

RECIENTE POEMA EN PROSA DE CARMITH HERRERA

DESPERTAR
Por Carmith Herrera

Puedo escuchar cuando gritas en silencio, por eso percibo cada respiración tuya cuando la lluvia cae y se marchitan las luces. Sujétame para no caer en la noche eterna. Las nubes danzan frente a mí y siento que te he perdido al oír tu nombre en los labios del viento. Los días parecen largos y el presente se vuelve una pesadilla. He presenciado cómo te esfumabas, mientras se secaban mis lágrimas de sol en tu nota de despedida. Los sueños parecen haberse dormidos y he olvidado qué puedo hacer para llegar al cielo. La vida parece estar contenida en un aliento, mientras he tratado de abrazar tus palabras alguna vez pronunciadas. Quiero sentir tu piel perfumada de besos y contemplar una última vez tus ojos de ángel caído. Haz escondido tus lamentos en el infinito y he sentido cómo tus palabras me herían. Mi alma ha sido envenenada con tu tacto de fuego. Me ha capturado una tempestad maldita y siento que una voz mortal me acaricia. He ignorado la luz y la oscuridad para asfixiar el dolor que me oprimía. Un río besaba mis mejillas cuando me di cuenta de que mi realidad parecía una blasfemia. Me he perdido en el mar salvaje de tu mirada. He decidido esculpir la palabra odio en algún lugar del infinito. Quiero respirar tu olor a decadencia cuando estés cayendo a través de los fragmentos del tiempo. Ya estoy cansada de esperar por el redoble de los truenos. He soñado con una noche de luna, que las estrellas aún no habían besado tu piel y que tus latidos eran las notas corrompidas de alguna canción perdida. Déjame sentir la rudeza de tus lágrimas de plata y tratar de olvidar que nuestro universo se cae a pedazos. He tropezado con tus juramentos tantas veces que no recuerdo un lugar que no haya sido golpeado con la desgracia. Profana mis dudas una vez más, porque deseo sentir la caricia maldita de tus dedos que ser olvidada sin clemencia. El silencio quiere decidir por nosotros y la soledad es nuestro testigo. Necesito yacer a tu lado cuando la nada se adueñe de todo y confesar que morir contigo, es despertar...

OTRO POEMA DE PABLO RAMOS BENCOSME

PATENTAR MI SUEÑO
Por Pablo Ramos Bencosme

Acabo de patentar mi sueño
y realizar mi pesadilla.
Acabo de comenzar el viaje
y terminar mi sedentarismo,
aunque calvo sea el día
lo halo con todas mis fuerzas
por sus melenas
hasta abarcar todo este vasto desierto
en las palmas de mis propias manos
y ver que el azul no es rojo
y el rojo existe en mí.
No demorar, no estancar
y no dilatar el camino.
Echar a un lado todo que ya todo va.
¿Hacia dónde?
Despacio, como avanza el fuego,
dedo a dedo pero sin detener
acabo de patentar mi sueño
hacia el paraíso.

(MIEMBRO DEL TALLER LITERARIO TRIPLE LLAMA DE MOCA)

domingo, 17 de julio de 2011

AGUAS CALIENTES

Por Pablo Ramos Bencosme
(Miembro del Taller Literario Triple Llama de Moca)

Aguas calientes
Finas aguas
Dónde están
Que me muero
Dónde puedo sentir
Su cima,
No logro ver su cielo.

El carismático coro
De su alegría
Y la sensible pena
Por su agonía.

El inolvidable sentir
En los dedos
Y el mágico estruendo
De su venida.

Dónde estás mi vida
Quiero sentir su compañía,
Ser, su piel en cada gota
Apodérame de su deseo.

Ella me quita la desdicha
Ella se apodera de mi cuerpo
Y me hace revivir mis entrañas
Y me eleva a lo más bello.

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Pablo Ramos Bencosme:
Urbanización Los López edif.5 apart.102
E-mail: Ramos_pablo26@hotmail.com
Tel: 809-578-9412 Cel: 809-958-9630 Orange
http://pabloramosbencosme.blogspot.com/
Nació el 26 de julio del 1992 en la ciudad de Moca.
Estudiante activo en la Universidad I.S.A (Instituto Superior de Agricultura) en la Carrera de Ingeniería Agronómica.
Creativo, espontáneo, Lector, Actor, deportista y poeta.
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viernes, 15 de julio de 2011

POEMAS RECIENTES DE LUIS ALFREDO JIMENEZ

¿CUÁL ES MI NOMBRE?

¿Cuál es mi nombre para soplarlo en el fuego igual que otras cosas que sabía? Es el más silencioso y sin embargo se consume haciendo ruidos entre las llamas. Debió ser inventado igual como se inventa una mentira. Apenas me atrevo a entrar en el sitio que fue escrito. Tal es mi nombre. Lo he logrado sin arte alguno, pues fue hecho por mentirosos, por eso mienten al pronunciarlo. Me quedo frio al oír esa masa de palabras que no hace otra cosa más que perderse en el viento formando un ser humano imaginario. Esas graciosas letras no parecen ser un lenguaje, aunque se escuche como una voz. Es un rumor digno de atención, y nada más.

DEL VERSO AL DIABLO

De todas partes te escucho. De entre todas las noches salen tus palabras como un golpe en mi rostro. Tus pasos relampaguean de un lado a otro descolgando el tiempo a pedazos. Oscilan en mi lengua los escarabajos de tu aliento, pudriendo mi alma, retorciendo los lazos del fuego, lanzándolos como escamas calentadas sobre mi muerta piel. Veo pasar las nubes: me parecen vapores que brotan del pecho del infierno. Se alza mi sangre hasta el cielo como una saeta que se clava en la carne azul de los ángeles. Me has sepultado vivo; me has hecho crecer hacia abajo como una sombra que no alcanza su suelo, que se hunde cual gota cuajada en el lodo. Mis ojos saltan como ranas sobre la luna, desde aquí donde me quemaste mis alas; trago las piedras que de lo alto caen por los ramales del viento, una tras otra hasta levantar paredes en mi garganta. Harto el diablo de ser tan diablo se le han quitado las ganas de fastidiar.

CARROÑERA DE MI ALMA

1

No vendrás. Y si me preguntas; éramos dos queriendo ser uno, dos noches de luna; eso fuimos: el silencio bajo el agua y el agua misma. Mis manos eran como raíces que se alimentaban de tu cuerpo; bebiendo el agua de tus labios encontraba otra forma de existir. Sobre los marcos de tu frente encontraba otra forma de respirar, mientras me perdía en mí y a la vez me encontraba en ti. Te fuiste, te has ido, aunque sigues aquí, mientras permanezco pegado a ti y a mí mismo. No vendrás, y si me preguntas, éramos dos gotas de sangre viajando por el filo de un puñal, una mirada repartida entre dos paisajes iguales, eso fuimos: dos hilos enredados por el viento y a la vez el viento mismo.

2

Desapareciste antes de llegar a ser una desconocida; antes que yo te olvidara apareciste como un líquido en mi mejilla. Una parte tuya se detuvo en el fondo de mi ser sin encontrar por donde salir; se quedó como mi sangre sin mirar hacia afuera, sujetada en los caminos de mi cuerpo. No te he visto y aun así no puedo borrarte de mis sueños. Te mueres toda la noche. Creo que yo te maté y me dejé morir detrás de ti. Pienso en tu nombre. Es como el rastro que deja una llama en la piel; se pierde en el sonido de mi voz que lo repite, aunque se escucha como un fino susurro escondido en mi memoria. No sé cuál es, pero es tu nombre.

3

Las cadenas cayeron de un salto y no soy libre para liberarte de la caja de mi pecho. Tú eres la que te alejas de él clavando tus ojos como un abrazo que no sujeta nada. Te vas, pero no marchas, sólo te mezclas con el polvo que arrastra el viento. No tengo más que perder, pues en una sola noche has parido todas las flores de mis amarguras; todas como una sola, carroñera de mi alma, oh salen del abismo donde dormían. Olvidaste que mis manos eran dos desconocidas cuando te acercabas, buscaban siempre como entrar por donde entra la vida en tu blanco semblante. Tu sombra se disipa como un vapor sin forzar los lazos que la sujetan. A todo vuelvo mi rostro en busca del tuyo; fuera el que fuera, eres tú a quien busco: ¡ay, carroñera de mi alma!

REUNIÓN DE COPAS

Reunidas aquí las copas, vuelvo a beber, vuelvo a conocer la envoltura en que viajan los perfumes del vino; deseada figura que gruñes desde la sangre con picos y garras, reflejo de luz que se estrecha con el seno de la muerte y se disuelve suavemente en las copas de mi alma. Se ha desabrochado mi pecho, pues dentro nada hay más que desiertos y licores amargos. El tiempo estrujado por unas manos pequeñas, escapa girando; las horas con el cuello largo caen en fosas profundas y se agitan dentro del saco de la noche como queriendo saltar a otras noches. Mi mirada zarandea en las configuraciones de unos cuerpos que se alejan chapuceados por los vientos de mis despechos; permanezco añadido a las paredes, casi dentro de ellas, amontonado en los salones inmensos de una soledad embriagada por mis rezos. Libra por libra se desvanece la mañana; eterna la noche, eterna la sed, vuelvo a beber las copas aquí reunidas.

lunes, 4 de julio de 2011

Pedro Ovalles

Taller Literario Triple Llama

jueves, 16 de junio de 2011

TEXTOS INEDITOS DEL DECIMO POEMARIO DE PEDRO OVALLES

FICCIÓN 1
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No me digas que vas a leer mis versos. Es lamentable decirte que no se entienden como se puede deliberar una simple crónica. No están hechos para informar. Mis versos no son de palabras. Éstas sólo son la cáscara que resguardan mis llamaradas. Son el fuego que incendia tu pensamiento. Sólo los has leído cuando su dinamita explota en tu interior, cuando hace carbón la madera de la casa que te cobija. Cuando sientes el humo de tu chimenea, el silencioso estruendo de la pólvora en tu pecho, templar la tierra que sostiene tus pies, el recorrido de las lavas por tus adentros, entonces sólo así habrás leído mis versos. Conocerás así el desastre que son mis poemas, la tibia ceniza que dejan como un remolino de brasas en las sienes. Por eso no están hechos de palabras. Están hecho de la misma materia del trueno: estallan, queman, aniquilan, eliminan la vida para que surja otra vida. Tú serás otra después que llegue el invierno y apague los leños. Por eso te aconsejo que no los leas como se lee cualquier poema, que olvides sus palabras. Sólo te pido que al acercarte a mis versos te dejes morir, desfallezcas en medio del siniestro. Deja que ellos respiren por ti. ¡No digas nada! Deja que el silencio electrifique tu piel, rasgue tu corazón. Mis versos son criminales; son delincuentes: te pervierten haciéndote delinquir de mil formas contigo misma. Te ametrallan en el mismo instante que intentas huir, abrir las puertas de tu primavera. Mis versos te hacen siempre la guerra. No te dan tiempo para que pidas auxilio. Mis versos son tu homicida.

FICCIÓN 2
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No puedo decir del todo que estos poemas son míos. Tienen el ritmo de cada poeta que he leído. Mis poemas son un arenal. Candentes y fríos a la vez. Mis poemas son como la orilla del mar. Cada grano de arena es un eco lejano, una música venida de no sé dónde. Mis poemas son originales porque Alguien entró a mi interior y tomó de mi sangre (que es su propia sangre) y los escribió desde tiempos muy lejanos. En sus grafías se puede percibir la resina de los años, el tejido del tiempo hilvanando la eternidad. Mis poemas son auténticamente míos por negación a su origen: surgen de un manantial donde confluyen diferentes aguas. Mis poemas germinan del azar. Son un brote repentino de lavas. Son un volcán en permanente erupción.

FICCIÓN 3
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Estos versos los firmo sin tener que escribirlos. Cuando los leo, me resisto a decir que son míos. Los escribo sin tener que mover los dedos. Impresos en la piel del tiempo los he visto desde antaño. Están esculpidos con el ámbar que emana del propio tiempo. Y mucho antes de tú decir que son míos, antes de tener rótulo, ritmo y sentido, la brisa me había traído a la boca el milenario sabor de su permanencia. Yo no soy escribano. Simplemente exorcizo el silencio para que diga silencios. Por eso estos versos los firmo sin tener que escribirlos. Dejo que surjan por sí solos allá en el horizonte, lejos donde se descuelga del cielo el arco iris que pretende beberse el mar. Por eso reitero que cuando los leo, me resisto a creer que son míos.

FICCIÓN 4
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Es cierto que el polvo sube hasta mi edad, que no puedo tumbarlo de mi soledad. En soledad está desde antaño. Por eso desde milenios y milenios de años yo estoy en este instante que es todos los instantes. Desde que la tierra es tierra me filtré por entre la respiración del polvo para buscar el otro polvo que hizo posible éste que soy. Desde que se arrastró el primer lagarto y se empolvó de noches, y más luego se bañó de tibieza cuando la primigenia aurora se confundió con su mirada, desde esos entonces el polvo es polvo y su voz no se oye porque su timbre es oscuro como su origen. He cavado muy hondo e innumerables veces en todos los caminos y el polvo que surge solamente logra taparme los ojos de angustia. Aun así lo veo retorcerse de dolor porque a su edad no sabe que es polvo. Yo, que cuando alzo un puñado de tierra y me ensucio la sonrisa, de una vez siento que ya no tengo los pies en el suelo, que no soy de este tiempo porque a todos los tiempos pertenezco. Alguien, con manos tan suave como la nieve y la voz tan limpia como el primer día, con los pies afincados en la eternidad, me sube a una nube y me dice al oído el polvo de su ser. Me dice cosas que al instante se vuelve polvo eterno, porque polvo perpetuo es todo pensamiento que es más que pensamiento. Es cuando entiendo que, tanto aquí aferrado al barro como allá arriba en los cielos, alejado de la ceniza, después de tocar la dulce luz en lo alto, pues no soy más que soplo, brisa que se interroga a sí misma, viento que no se cansa de buscar el viento que hizo posible que yo tuviera alas para hoy como ayer estar en otra dimensión interactuando con la voz que emana de las cosas. Por eso digo que soy más que polvo porque escucho lo que no se oye, aquello que está más allá del tiempo, más alto que las nubes; aquello que le da alma al trueno, que hace que la luz sea luz, que la tierra sea tierra, que la madera esconda algún aliento en sus adentros, y yo logre ser más que materia, y poder escuchar y hablar con el propio polvo, no con el que se escurre por entre mis dedos, sino con ese que me dice que yo fui mucho antes que él, el mismo que me incita ir más allá de las cosas y, asimismo, consiga presenciar el color que tiene la eternidad.

FICCIÓN 5
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Yo he aprendido del silencio todo lo que sé. Si sé amar fue porque aprendí a callar cuando los besos como las olas se van y vienen y sólo el chasquido de su mudez lo revelan. Cuando he tenido que romper el aire a gritos, aun así he sabido callar para que mis labios se cierren y digan más que lo que quiero decir a través del viento que comprime sus alas. He aprendido que cuando estoy solo es cuando lo tengo todo, y es así que el Todo habla por mí. Hacia mí se dirigen todas las cosas: es precisamente cuando creo que sólo yo existo. Como el mar entrando por mi boca, así mismo siento que todo el universo entra por mis ojos. Entonces es cuando me bifurco como las arenas. Aprendo que soy uno y todos a la vez. Sé que si hablo el día me va a quitar la máscara. Sólo así puedo quedar atrapado por un eterno arrebato y creer que soy agua, arena, tierra, árbol, luz, sombra, silencio, o grito. He aprendido que el silencio es el universo de donde yo vengo, y de él está hecha mi palabra, que por ser también sordina, dice más que el viento, porque aire es la mudez de la eternidad; ignota soledad donde convergen el Todo y el Uno: mutismo donde yo he aprendido todo lo que sé.
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